"No me parece buena idea hacer la revolución a través del arte"

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Pablo Siquier pinta las sombras de las ciudades. Sus laberintos urbanos cobran forma cuando con certera precisión desliza acrílico negro sobre la tela en blanco. Y el blanco genera la luz. Sus inconfundibles abstracciones evocan la arquitectura de Buenos Aires, el art déco, las derivaciones de éste y otros estilos de la modernidad, y se han convertido en un flamante emblema de la ciudad (al menos, para aquellos que frecuentan el ambiente artístico). Una de sus pinturas ilustra la portada del plan cultural pensado para el gobierno electo porteño, y existe además un proyecto para llevar sus imágenes a las veredas del Porteño Art District, para brindarle identidad al nuevo barrio.

Con su carrera en el circuito internacional en marcha, luego de la muestra antológica que le dedicó el Museo Reina Sofía de Madrid donde presentó un mural de más de 50 metros, y mientras prepara otro que presentará en Art Basel Miami, vuelve a exhibir una nueva serie de pinturas en la galería Ruth Benzacar. Se trata de seis obras con formato mural. Siquier es un artista obsesivo, sus pinturas tienen la exactitud de un cálculo matemático. Pero en la muestra actual, la obra se ha complejizado, la trama de sus megalópolis se ha enmarañado y expresa con mayor elocuencia el agobio, el encierro, la falta de oxígeno que según observa Siquier «es la patología de las ciudades». Sobre el rigor aparente de su arte, su carrera, su tarea docente y otros temas, dialogó con este diario.

Periodista: ¿Cuál es la relación que establece entre la pintura y la arquitectura?

Pablo Siquier: La arquitectura siempre ejerció una fuerte influencia en mi obra, pero también el diseño, el urbanismo, el modernismo y las secuelas que ha dejado el modernismo. Me interesan sobre todo, los repertorios formales de los estilos, ver cómo se van ensuciando y modificando con el paso del tiempo y con los desplazamientos geográficos.

P.: ¿Los estilos de Buenos Aires?

P.S.: Sí, y los de Rosario, que es una ciudad fascinante.

P.: Desde sus orígenes la abstracción estuvo ligada a la ideología. ¿Cuánto sobrevive en su obra de esos viejos ideales utópicos?

P.S.: La mezclas de estilo, la hibridación, desactivan las ideologías. Pero siempre me gustó la arquitectura persuasiva que está al servicio de la ideología, como la fascista, la de Albert Speer. Me atrae Boullee, que en el siglo XVIII diseñó grandes proyectos que no se llegaron a construir por su dimensión desmesurada. En Argentina admiro la arquitectura de Salamone, esos edificios monumentales que levantó en La Pampa. Mi trabajo es producto de mi experiencia en las ciudades pero también de los libros. En ocasiones miraba las ilustraciones de los libros sin entender de qué se trataba en profundidad el asunto.

P.: Los murales en su origen también respondían a la ideología religiosa o política. ¿Los suyos son meramente decorativos?

P.S.: Son producto de un arduo trabajo con la computadora, que me permite llevar a gran formato los diseños. Hay una larga relación entre el arte de base geométrica y la arquitectura, el espacio público y el gran formato. Pareciera ser un vínculo natural.

P.: ¿Qué opina del arte ornamental?

P.S.: Me gusta desde el principio. Antonio Gaudí, la arquitectura islámica que lo influenció, Louis Sullivan, las fachadas porteñas. El ornamento como lo opuesto a la figura humana, al ícono.

P.: ¿El arte ornamental puede ser revolucionario?

P.S.: No creo que sea buena idea hacer la revolución a través del arte. Ornamental o no, es un camino demasiado indirecto. En general lo que ha hecho el arte es acompañar desde atrás a las revoluciones pero no las ha propiciado. Con la excepción, tal vez, de los poetas irlandeses que sí, contribuyeron decisivamente con la independencia de Inglaterra, le dieron sustento y fuerza a la lucha armada, que fue posterior.

P.: En su obra se advierte la influencia del art déco, pero ahora estas formas adquieren un ritmo alucinado. ¿A qué se debe esta nueva aceleración?

P.S.: El art déco y muchos otros estilos se van enfermando, uno se contagia del otro. Si bien mi obra fue relacionada con el arte concreto, por críticos como Carlos Basualdo y Fernando Farina, yo vengo del arte expresivo, del art brut. Comencé admirando a Dubuffet y el arte de los locos y de los alucinados, porque hay artistas maravillosos. Después me di cuenta de que no era loco o, que no lo era lo suficiente, y me aparté, pero queda un resabio de esos excesos. A pesar de la geometría soy un artista expresivo.

P.: ¿Hay algo que le interesedemostrar?

P.S.: Y..., no. En realidad, cada vez entiendo menos lo que hago. Pensé que esto iba a cambiar con el tiempo, pero no es así. Puedo decir que hay artistas que resuelven todo a través de la síntesis; y están los que, como yo, prueban con diez elementos, si no funciona, prueban con cien, y si no, con mil.

P.: Si tanto le atrae la arquitectura ¿por qué no utiliza el volumen?

P.S.: En el año 1995 hice un relieve en la pared aquí, en la galería, más tarde otro en el Palacio Velázquez, en el '89 una ambientación con cubitos en el ICI de Buenos Aires y también unas esculturas bastante malas en Madrid. Ahora estoy proyectando unas estructuras en hierro crudo de gran tamaño, transitables.

P.: ¿Hacia dónde evoluciona su obra?

P.S.: No tengo la más pálida idea.

P.: ¿No piensa sobre esto?

P.S.:
Todo el tiempo. Es más: lo que tenemos en común con Guillermo Iuso (Ver Actualidad) es un exceso de actividad cerebral.

P.: Pero Iuso muestra todo y usted casi nada.

P.S.: Es verdad.

P.: Ha ganado prestigio como docente. ¿Cómo decidió enseñar?

P.S.: Mi mamá era maestra. Murió hace unos años, pero estaría contenta si me viera. Es un desafío ser maestro, los artistas jóvenes son tremendos. En un momento tuve en un grupo a Tomás Espina, Leo Estol, Luciana Lamothe, Diego Bianchi, Galindo, Juliana Iriart, Carlos Huffman, todos juntos. Era un infierno.

P.: ¿Cuáles son los resultados de consolidar una carrera internacional?

P.S.: Es algo bueno. Antes tenía que trabajar en otras cosas, tuve todo tipo de empleos. Ahora tengo una galería en Houston, otra en Miami y mis obras se venden allá y aquí también. Estoy en un buen momento de mi carrera, aunque no soy hábil para moverme sino más bien un poco torpe. Vine en colectivo a la entrevista.

P.: ¿Su obra es vendible?

P.S.:
Ahora sí, pero costó mucho al principio. Cuando iba a los países de Centro América mis cuadros en blanco y negro no le gustaban a nadie.

Entrevista de Ana Martínez Quijano

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