9 de julio 2007 - 00:00
"No me parece buena idea hacer la revolución a través del arte"
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Una de las pinturas de Pablo Siquier ilustra la portada del
plan cultural del gobierno electo porteño y habrá imágenes
suyas en las veredas del Porteño Art District para brindarle
identidad al nuevo barrio.
P.: Desde sus orígenes la abstracción estuvo ligada a la ideología. ¿Cuánto sobrevive en su obra de esos viejos ideales utópicos?
P.S.: La mezclas de estilo, la hibridación, desactivan las ideologías. Pero siempre me gustó la arquitectura persuasiva que está al servicio de la ideología, como la fascista, la de Albert Speer. Me atrae Boullee, que en el siglo XVIII diseñó grandes proyectos que no se llegaron a construir por su dimensión desmesurada. En Argentina admiro la arquitectura de Salamone, esos edificios monumentales que levantó en La Pampa. Mi trabajo es producto de mi experiencia en las ciudades pero también de los libros. En ocasiones miraba las ilustraciones de los libros sin entender de qué se trataba en profundidad el asunto.
P.: Los murales en su origen también respondían a la ideología religiosa o política. ¿Los suyos son meramente decorativos?
P.S.: Son producto de un arduo trabajo con la computadora, que me permite llevar a gran formato los diseños. Hay una larga relación entre el arte de base geométrica y la arquitectura, el espacio público y el gran formato. Pareciera ser un vínculo natural.
P.: ¿Qué opina del arte ornamental?
P.S.: Me gusta desde el principio. Antonio Gaudí, la arquitectura islámica que lo influenció, Louis Sullivan, las fachadas porteñas. El ornamento como lo opuesto a la figura humana, al ícono.
P.: ¿El arte ornamental puede ser revolucionario?
P.S.: No creo que sea buena idea hacer la revolución a través del arte. Ornamental o no, es un camino demasiado indirecto. En general lo que ha hecho el arte es acompañar desde atrás a las revoluciones pero no las ha propiciado. Con la excepción, tal vez, de los poetas irlandeses que sí, contribuyeron decisivamente con la independencia de Inglaterra, le dieron sustento y fuerza a la lucha armada, que fue posterior.
P.: En su obra se advierte la influencia del art déco, pero ahora estas formas adquieren un ritmo alucinado. ¿A qué se debe esta nueva aceleración?
P.S.: El art déco y muchos otros estilos se van enfermando, uno se contagia del otro. Si bien mi obra fue relacionada con el arte concreto, por críticos como Carlos Basualdo y Fernando Farina, yo vengo del arte expresivo, del art brut. Comencé admirando a Dubuffet y el arte de los locos y de los alucinados, porque hay artistas maravillosos. Después me di cuenta de que no era loco o, que no lo era lo suficiente, y me aparté, pero queda un resabio de esos excesos. A pesar de la geometría soy un artista expresivo.
P.: ¿Hay algo que le interesedemostrar?
P.S.: Y..., no. En realidad, cada vez entiendo menos lo que hago. Pensé que esto iba a cambiar con el tiempo, pero no es así. Puedo decir que hay artistas que resuelven todo a través de la síntesis; y están los que, como yo, prueban con diez elementos, si no funciona, prueban con cien, y si no, con mil.
P.: Si tanto le atrae la arquitectura ¿por qué no utiliza el volumen?
P.S.: En el año 1995 hice un relieve en la pared aquí, en la galería, más tarde otro en el Palacio Velázquez, en el '89 una ambientación con cubitos en el ICI de Buenos Aires y también unas esculturas bastante malas en Madrid. Ahora estoy proyectando unas estructuras en hierro crudo de gran tamaño, transitables.
P.: ¿Hacia dónde evoluciona su obra?
P.S.: No tengo la más pálida idea.
P.: ¿No piensa sobre esto?
P.S.: Todo el tiempo. Es más: lo que tenemos en común con Guillermo Iuso (Ver Actualidad) es un exceso de actividad cerebral.
P.: Pero Iuso muestra todo y usted casi nada.
P.S.: Es verdad.
P.: Ha ganado prestigio como docente. ¿Cómo decidió enseñar?
P.S.: Mi mamá era maestra. Murió hace unos años, pero estaría contenta si me viera. Es un desafío ser maestro, los artistas jóvenes son tremendos. En un momento tuve en un grupo a Tomás Espina, Leo Estol, Luciana Lamothe, Diego Bianchi, Galindo, Juliana Iriart, Carlos Huffman, todos juntos. Era un infierno.
P.: ¿Cuáles son los resultados de consolidar una carrera internacional?
P.S.: Es algo bueno. Antes tenía que trabajar en otras cosas, tuve todo tipo de empleos. Ahora tengo una galería en Houston, otra en Miami y mis obras se venden allá y aquí también. Estoy en un buen momento de mi carrera, aunque no soy hábil para moverme sino más bien un poco torpe. Vine en colectivo a la entrevista.
P.: ¿Su obra es vendible?
P.S.: Ahora sí, pero costó mucho al principio. Cuando iba a los países de Centro América mis cuadros en blanco y negro no le gustaban a nadie.
Entrevista de Ana Martínez Quijano




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