Al muestrario
de
destrucción
que Norberto
Gómez exhibe
en la
exposición
colectiva
«Cuerpo y
materia», se
suma ahora
otra de
pequeñas y
enigmáticas
obras en yeso
y madera.
Dos momentos en la obra de Norberto Gómez (1941) se pueden ver actualmente en Buenos Aires: el primero en la muestra colectiva «Cuerpo y Materia» del período 1978/83, en Imago (Suipacha 628), de la que ya nos ocupamos en estas páginas. Tripas, vísceras, despojos humanos en resina poliéster, un muestrario del horror y la destrucción que se exhibieron ocasionalmente hasta abril 2003 cuando se reunieron en Galería Maman bajo el título «Ejercicios Materiales». Señalaba el artista, «significan un momento importante de mi trabajo, que es siempre tránsito, carne y lenguaje» y también «cuerpos de llanto» como los definió Ricardo Martín Crosa. El segundo se exhibe en Azcue (Montevideo 1484) y acorde con el reducido espacio muestra arquitecturas en yeso policromado, maderas y dibujos. Nos retrotraen al medioevo por el carácter frontal, ornamental, meticulosa realización que puede calificarse de obsesiva. Cabe la pregunta ¿son de hierro esos mecanismos internos de máquinas que se articulan constructivamente, tubos de desagüe, fusibles, como en el caso de «Sorpresa»? Sin embargo están realizados en yeso, así como una serie de obras con molduras barrocas.
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También se exhibe «Pórtico» (1983), una obra a escala , en madera que simula una fachada con sus ornatos, de admirable ejecución dado que parece continuar la tradición familiar de artesanos ya que su padre era un destacado ebanista.
Los dibujos, tinta y lápiz están relacionados con la iconografía fantástica realizadas entre los '80 y los '90, de carácter manierista, en los que se combinan lo arquitectural, y la pesadilla en su conjunción de hombres y bestias. En este espacio silencioso se reúne una obra que continúa fascinando por sus claves secretas. Hasta el 31 de mayo.
Investigador de técnicas del grabado, ganador de importantes premios así como una beca Antorchas, frecuentador, por sus viajes, de museos y artistas renombrados extranjeros, docente de pintura en la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes, Ariel Mlynarzewicz (1964) realiza con su maestro y amigo Carlos Alonso la instalación «Fuego de Libros» en la Feria correspondiente de 2001. En los últimos tres años expuso frecuentemente, no se da tregua y creemos, no resiste el impulso de mostrar su constante producción iniciada alrededor de 1978 cuando se consolida su vocación por la pintura. Se trata de una sucinta biografía de Mlynarzewicz (1964) que expone actualmente «Abrazos» en Galería Ro (Paraná 1158).
Su pasión es la figura humana a la que ha dedicado gran parte de sus búsquedas pictóricas. Utiliza una amplia gama de colores, con pinceladas enérgicas y texturadas, un observador de situaciones cotidianas en las que los protagonistas son los miembros de su familia, título precisamente de la exposición en 2005 en el Museo de Bellas Artes.
En su actual muestra Mlynarzewicz aparece más despojado pero más visceral, cuerpos entrelazados que se funden con los fondos, menos anecdótico, centrado en la fusión de los cuerpos, un abrazo en todas sus formas como centro de la existencia. «Abrazo de pies», «Abrazo verde esperanza», «Mirando el recorrido», óleos sobre tela, revelan que la expresión está en el cuerpo y en la línea apenas esbozada de sus tintas sobre papel, un modelo de síntesis dibujística. Hasta mediados de junio.
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