23 de enero 2004 - 00:00

Notable Cassano como la muy repetida Evita

«La Duarte». Libro, coreog. y dirección: S. Vladimivsky. Int.: E. Cassano y elenco. Mús. orig., dir. musical y banda sonora: S. Vainikoff. Luces: O. Possemato. Vestuario:
M. Mendoza y E. Serrano. (Teatro Maipo).


L a idea generadora de «La Duarte» cabalgó, seguro, sobre el magnetismo escénico de dos mujeres: Eva Perón y la mediadora de su personalidad, Eleonora Cassano. Esa dualidad se reitera a lo largo de la hora y media que lleva este ballet narrativo que se interna en la complejidad de «esa mujer».

A pesar de la negativa de Silvia Vladimivsky de hacer una obra de «exactitud cronológica o biográfica», «La Duarte» sigue los hechos relacionados con la existencia de la mujer de Perón desde su llegada a Buenos Aires hasta una suerte de entronización en el altar del pueblo humilde que la aclama como «Santa Evita». En los sucesivos cuadros en que se estructura la obra se intenta trazar un fresco de esta mujer tomando partido por sus derechos intrínsecos para ella y otras mujeres.

Desde la óptica coreográfica, Vladimivsky concreta su trabajo, quizás, más ambicioso y eficaz (sostenido por una sólida producción). Su lenguaje es el de la danza contemporánea en una de sus vertientes, la danza-teatro, por lo que la narración dramática ocupa un lugar fundamental en el desarrollo y los bailarines por momentos transgreden el silencio del ballet con algunas palabras o diálogos.

Dos estructuras metálicas (con escaleras simbólicas que suben hasta el poder) recorren el espacio escénico llevadas por los mismos bailarines que interpretan distintos personajes. Hay «solos» de Perón, de Eva frente a un espejo y algunos dúos de ambos coreográficamente eficaces. El equipo de bailarines y en particular, Leonardo Cuello (como Perón) realizan un trabajo disciplinado y de técnica segura.

La banda sonora yuxtapone íconos de la época: Magaldi, Hugo del Carril, Libertad Lamarque con fragmentos de discursos y algo de música incidental compuesta por Vainikoff para que la Cassano, de justo «physique du rol», se transforme desde la ingenua muchacha del comienzo a la diva de joyas y trajes Dior para llegar al final de su existencia «la abanderada de los humildes» en un juego actoral que la hace, a veces hierática, violenta e imperativa pero también dulce y emotiva.

Técnicamente su danza posee la perfección de siempre, aunque ahora alejada momentáneamente de los cisnes de Tchaikovsky para trepar las sinuosas escaleras que llevan al mito y la leyenda.

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