29 de agosto 2025 - 14:42

Nueva serie recrea la vida de Benito Mussolini, fundador del fascismo

Mubi presentará "Mussolini, hijo del siglo", protagonizada por Luca Marinelli y dirigida por Joe Wright, el mismo realizador que había retratado a Churchill en "Las horas más oscuras"

Luca Marinelli en la piel de Benito Mussolini en la nueva serie de Mubi.

Luca Marinelli en la piel de Benito Mussolini en la nueva serie de Mubi.

Alguna vez el dictador Benito Mussolini fue joven, flaco, y de negra cabellera. Con el tiempo, solo le quedó el alma negra. Pero ya joven tenía la verba inflamada, era vehemente, histriónico, harto carismático, manejador, mentiroso y prepotente. Así lo pintó Marco Bellocchio en “Vincere”, y lo pinta ahora Joe Wright en “Mussolini, hijo del siglo”, la serie ítalo-anglo-francesa protagonizada por Luca Marinelli, que Mubi presenta dentro de pocos días.

Wright es el director de “Las horas más oscuras”, retrato de Winston Churchill durante la II Guerra. Pero esta nueva obra es muy distinta, no solo en la pintura del personaje sino en estilo, moderno, agitado y efectista, a fin de captar a las audiencias jóvenes. “Quiero llamar la atención sobre el peligro de los populismos, y también el peligro de la masculinidad tóxica”, declaró cuando la presentación de la serie en el Festival de Venecia del año pasado (ironías de la historia, ese festival lo fundó el propio Mussolini, hace ya 93 años.

Basada en la biografía novelada de Antonio Scurati, la serie de 8 capítulos abarca desde 1919, con la aparición de los Fasci Italiani di Combattimento (básicamente, rencorosos veteranos de guerra), hasta el asesinato del diputado socialista Giacomo Matteoti en 1925, del que Mussolini se hizo públicamente responsable moral y político, pero no responsable penal. Allí se afirmaría la ampliación de poderes, la mayor persecución de opositores, y lo que Aristóteles ya había definido siglos antes como oclocracia, el gobierno de la turba al mando de un caudillo.

Las miradas cambiantes

Al comienzo, el cine simpatizó con Mussolini. Así Il Duce es fotografiado en la comedia norteamericana “Chasing Through Europe” (D. Butler & A. Werner, 1929, una parejita pasea por el Viejo Continente registrando cosas pintorescas). Y aparece como el salvador de la patria en películas italianas de intención propagandística, como “Camicia nera” (Giovachino Forzano,1933, historia de gente humilde que culmina con media hora de rutas, diques, hogares obreros y otras obras relevantes del primer gobierno), “Vecchia guardia” (Alessandro Blasetti, 1935, exaltación de la Marcha sobre Roma) y, de algún modo, “Escipion el Africano” (Carmine Gallone, 1937, donde el héroe del Imperio Romano, encarnado por Annibale Ninchi, es igualito a Mussolini).

Por ese entonces el dictador tenía buena relación con el mundo del cine. Creó el Festival de Venecia en 1932, la inmensa Cinecittá en 1937, gran empresa estatal con escuela incluida, y hasta participó en los guiones de “Villafranca” (1934, romance con el trasfondo de un tratado entre franceses, sardos y austrohúngaros para repartirse la península itálica), “Hunder Tage” (Franz Wenzler, 1935) y “Campo di maggio” (G. Forzano, 1935). Aclaremos, estas dos películas fueron filmadas en simultáneo y cuentan la misma historia, solo que en lenguas y con actores diferentes: la historia de los 100 días de Napoleón desde su fuga de la isla de Elba hasta la derrota en Waterloo y su triste final, cuando los propios compatriotas lo entregaron a sus enemigos. ¿Sospecharía Mussolini que él también iba a terminar así, y todavía peor?

Ya en 1940 Charles Chaplin se burló de él, y sobre todo de Hitler, en “El gran dictador”, con un par de escenas jugadas entre el mismo Chaplin y el cómico Jack Oakie. En 1943, ironías de la vida, los nazis invadieron Cinecittá y la convirtieron en cárcel y cuartel, y luego los norteamericanos la bombardearon para acabar con ellos. El Festival de Venecia se había suspendido, y tras la guerra surgirían otras historias.

Hay muchas, y muy buenas, sobre los tiempos del fascismo, como “Paisá”, “Roma ciudad abierta” (ambas de Roberto Rossellini), “La Marcha sobre Roma” ( esta vez como sátira, con Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi), “El jardín de los Finzi-Contini” (Vittorio de Sica), “La noche de San Lorenzo” (Paolo y Vittorio Taviani), “Las vidas privadas” (Marco Tulio Giordana, título original “Sanguepazzo”), la lista no es larga sino larguísima. Pero hay pocas, donde alguien encarne a Mussolini.

Recién en los ’70 comienza a recrearse su figura, en títulos como “El delito Matteotti” (Florestano Vancini, 1973, lo interpretaba Mario Adorf con feliz histrionismo), “Mussolini, último acto” (Carlo Lizzani, 1974, con Rod Steiger, acá recién se vio en 1983), la comedia “Teléfonos blancos”, también llamada “La carrera de una doncella” (Dino Risi, 1976, Agostina Belli al encuentro de Dino Baldazzi). En imágenes jocosas, lo recordaría la impagable “Amarcord” de Federico Fellini, 1976. Curiosamente, Fellini y Mussolini nacieron en el mismo paese, la Emilia Romagna, y ambos eran grandes fantasiosos, solo que uno era buena persona.

Después vendría la primera serie televisiva, “Mussolini. The Untold Story”, 1985, con George Scott, actor mejor recordado por “Patton”, excelente biopic del héroe norteamericano de la II Guerra. Algo inesperado, muy personal, “Té con Mussolini” (Franco Zeffirelli, 1999, señoras inglesas muy refinadas soportando feos tiempos en Venecia, con Maggie Smith. Judy Dench, y Claudio Spadaro como el indeseable). También “El poeta y el espía” (Gianluca Jodice, 2020, el insigne Gabrielle D’Annunzio controlado por el régimen). Antes, en 2009, el ya mencionado “Vincere”, de Bellocchio, donde Mussolini, exaltado y egoísta, para afirmar su carrera política niega la existencia de un hijo natural y manda a la madre al manicomio. Filippo Tini compuso ese monstruo, y también el hijo medio idiota.

Y no es novela, esto pasó de veras, lo confirmó Fabrizio Laurenti con el documental “El secreto de Mussolini”, 2005. Laurenti hizo después “Il corpo del Duce”, 2011, perturbadora visita al pequeño mausoleo donde todavía se congregan los fanáticos. Antes de ir al féretro, ese cuerpo fue bastante vejado. Como se recordará, Mussolini y su amante Clara Petacci intentaron escapar de los Aliados pero fueron atrapados por los partisanos, vapuleados, fusilados y colgados cabeza abajo. Algo parecido les ocurrió después a Ceacescu y señora, y al libanés Khadaffi.

Por su parte, Vittorio Mussolini, el hijo reconocido, la sacó barata. De joven fue automovilista, piloto de guerra en España y Etiopía, crítico y productor de buenas películas, luego se casó con la argentina hija de italianos Orsola Buvoli, vivió con ella en Buenos Aires, frecuentaba el Teatro Colón, y hacia 1970 se fue a morir a Roma. Pero esa es otra historia, que tal vez aparezca en el cuarto tomo de la biografía que sigue escribiendo Scurati (los primeros tres ya están editados en castellano).

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