22 de noviembre 2000 - 00:00
Ocaña: "Hoy llaman flamenco a mucho folklorismo barato"
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Chico Ocaña: Como siempre ocurre, hay gente que es más obtusa y otra que es más abierta. Para mí, los puristas son los que fuman puros. El problema es que cuando se habla de flamenco se lo hace desde una perspectiva mentirosa; y una cosa es lo que su-cede en los puertos y otra muy distinta en el resto de España, inclusive en algunos lugares de Andalucía. Hablan de flamenco joven o de nuevo flamenco y eso es simplemente etiqueta que nada tiene que ver con el verdadero sentido de este arte oral. No es sólo un arte de los gitanos, pero hay que vivirlo. Por eso, cuando uno escucha flamenco hecho por japoneses o por franceses se da cuenta de la diferencia, aunque técnicamente puedan ser perfectos. Les falta el alma; copian los sonidos pero no pueden copiar la emoción.
P.: ¿Con esto quiere decir que es incorrecta la información sobre el flamenco que se recibe fuera de España?
Ch.O.: Sí, y no sólo fuera de España. Hay un flamenco que yo llamo asesino -o «paquirris», como también le decimos-porque no contribuye a aumentar la afición. Y muchos han terminado creyendo que el flamenco son las sevillanas y las rumbas, o esos cantaores y bailaores con trajes floridos, y no es así; eso es folklorismo barato. El flamenco son 53 pases que incluyen cante, baile y toque, pero que además son una forma de vida. Yo he estado mucho tiempo con músicos tradicionales, pero me cansé porque resulta un ambiente muy cerrado. Y yo puedo tocar, y me siento mucho más cómodo, con músicos que vienen de otras corrientes -incluyendo el heavy metal-, y compartir este proyecto. Hay elasticidad y armonía, porque está hecho con todo el amor del mundo. En nombre del flamenco se hace cualquier cosa; hace poco vi a dos argentinos -se hacían llamar La Yunta-en Nueva York que tenían un espectáculo supuestamente de flamenco. Y sólo hacían unas rumbas a los gritos.
P.: ¿Y qué lugar le cabe a Paco de Lucía en esta descripción?
Ch.O.: Paco era importante; y hay que escuchar su trabajo con Camarón, o con Mordente, o con Sordera. Pero él le ha dado mucha importancia al toque, y ha relegado el cante a un lugar secundario. Ha terminado haciendo rumba. Y, lo que es peor, muchos han creído que era el gran modelo del flamenco; y todos quisieron ser Paco o Camarón. Creo que el daño más grande que se le ha hecho al flamenco es justamente que se ha perdido el cante. Y hasta la propia gente de Andalucía ha terminado confundiéndose y ha perdido conciencia de su propia cultura.


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