3 de septiembre 2003 - 00:00
Otra del "Salinger japonés"
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Los personajes de Murakami son jóvenes desorientados, que lejos de preocuparse por el trabajo o por el modelo de progreso que obsesiona a tantos japoneses, disfrutan sin ningún complejo de la cultura occidental en todas sus expresiones. Pero, su manera de concebir el mundo y la realidad es muy compleja y los hace únicos en su tipo. No sería justo presentar a este imaginativo generador de ficciones (todas tienen base en Japón) tomando sólo como referencia a los escritores occidentales con quienes se los ha comparado: Chandler, Kafka, Lewis Carroll, Pynchon, Carver, Auster, Philip K. Dick. Su manera de entrelazar la vida con la muerte, lo real con lo sobrenatural y la sexualidad con la búsqueda de uno mismo, dispara situaciones y lecturas de profunda resonancia que poco tienen que ver con la mentalidad occidental, pero que aún así la comprenden. Los protagonistas de sus novelas son algo perezosos y disfrutan de una rutina más bien solitaria o muy poco comprometida socialmente, hasta que la desaparición de algo o de alguien (un gato, una esposa, un amigo) los lanza a una pesquisa frenética, que en realidad es una búsqueda hacia el interior de sí mismos. Esto es lo que ocurre en «Sputnik, mi amor» al igual que en sus otros dos títulos publicados en español: «La caza del carnero salvaje» y la deslumbrante «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo», novela de 683 páginas donde la sofisticación de la vida moderna se entremezcla con terribles experiencias de guerra, fenómenos paranormales, desencuentros amorosos, conflictos sexuales y situaciones tan extrañas y perturbadoras como las del cine de David Lynch.




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