En setiembre del año pasado, la argentina Ingrid Fliter (1973) ganó el Segundo Premio en la 14° edición del exigente Concurso de Piano Frederic Chopin, que se realizó en Varsovia, hazaña sólo superada por Martha Argerich que hace unos cuantos años obtuvo el Primer Premio.
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Ingrid Fliter compitió con 98 participantes llegados de 25 países y ante un jurado de 23 notables, entre ellos, Argerich. Antes había ganado aquí la Bienal de Jóvenes de Festivales Musicales; y en Italia, el Internacional Cittá di Cantu y el Busoni de Bolzano. Ya ha cumplido giras por Europa, dio 15 conciertos en Japón, ahora vuelve para 9 recitales, pronto llegarán los discos y los videos, y se perfila como otro emblema para el orgullo de los argentinos en el mundo del arte musical.
Con sonrisa de inocultable satisfacción, vestida y peinada con sencillez, apareció en el inmenso escenario del Colón donde la esperaba el piano y la sala repleta de un público expectante y ansioso, entre los que se encontraba Elizabeth Westerkamp, respetada maestra responsable de la sólida formación de Fliter.
El recital comenzó con las «32 Variaciones en Do Menor» de Beethoven, todas unidas entre sí y a las que la pianista supo darle unidad conceptual, revelando una inteligencia analítica madura. Esta cualidad se apreció en toda su magnitud cuando abordó la «Sonata en La Mayor D. 959» de Schubert, una de las tres grandes partituras del compositor romántico que preceden su prematura muerte, ocurrida a los 31 años. Pero la versión de Fliter no es fúnebre, ella le imprime solemnidad y grandeza, y generó un angustioso clima en el «Andantino», así como un «pathos» de enorme intensidad en la resolución final, de franco dramatismo.
Toda la segunda parte fue dedicada a Chopin, a quien Ingrid Fliter interpreta ajustada a la partitura, vale decir, sin «rubatos» ni modulaciones que pertenecen a una discutible «tradición»; ella lo entiende ejecutado con sobriedad y así resulta doblemente poético y romántico (que no es lo mismo que sentimental).
El «Nocturno» Op. 27 N° 2 se presentó acorde a esa postura ética, y la versión fue admirable; también en la «Barcarola en Fa Mayor»; temperamento patriótico y sonido robusto en la «Polonesa Op. 44» con su potente motivo en la mano izquierda; elegancia en las «Mazurcas» y superación técnica en el «Scherzo N° 4». Sonriendo ante los aplausos y bravos, sin la menor señal de fatiga, completó las dos horas de recital con el «Vals del minuto».
Se la vuelve a escuchar el 30 de julio, también en el Colón, con el «Concierto N° 2» de Chopin, su interpretación más celebrada en todo el mundo.
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