22 de abril 2002 - 00:00

Para buscadores de rarezas

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«Perspectiva Siberia» del Grupo de Teatro Doméstico, sobre textos de F. Dostoievsky. Dramaturgia y Dir.: A. Martín, B.Catani y J.Sánchez. Int.: S.Pampín, A.Martín y J.Sánchez. (Sala «Falsa Escuadra» Mario Bravo 722).
 
Este nuevo montaje del Grupo de Teatro Doméstico ofrece varias curiosidades. En primer lugar está destinado a no más de 25 espectadores por función, ya que su reducido espacio escénico está ubicado en la casa de uno de los integrantes del grupo, concretamente, en su living-dormitorio.

Por otra parte, la puesta ha sido concebida como «una celebración de la lectura». Esto lleva a que sus tres protagonistas Teo, Liza e Iván -interpretados por Alberto Martín, Susana Pampín y Jorge Sánchez-se sumerjan obsesivamente en el universo literario de Dostoievsky, buscando entre sus novelas algún fragmento que luego pueda ser leído en voz alta, frente a un grupo de invitados. Obviamente esos invitados nunca llegan, pero la expectativa logra circular entre el público involucrándolo en la propuesta. Libro en mano, los intérpretes arremeten unos contra otros en verdaderos duelos de lectura, superponiendo sus voces y tratando de imponer sus hallazgos, pero, generalmente, sin ser escuchados por sus compañeros.

•Mezclas

A lo largo de una hora de espectáculo, en los resquicios de sus lecturas, irán emergiendo los verdaderos rasgos de estos seres apasionados y llenos de contradicciones, que tienden a mezclar los límites entre realidad y ficción. Es como si el fantasma del gran novelista ruso se apropiara de ellos, los contaminara con sus obsesiones éticas y espirituales o les transmitiera algunos de sus vicios y dolencias (el personaje de Teo, por ejemplo, sufre un breve ataque de epilepsia).

Aún así, estos personajes que oscilan entre la fuga y la traición de manera creíble no crecen dramáticamente sino hacia el final.

La mayor parte del tiempo circulan por la sala y el pequeño entrepiso, o entran y salen de un baño -para ducharse o cambiarse ropa-sin que el dato resulte significativo.

Tanta actividad física no aporta demasiado a la acción y, por momentos, la pieza pierde fuerza debido a su reiteración de recursos. Recién gana intensidad en las últimas escenas, cuando las confesiones se suceden y vuelven por primera vez inquietante la ausencia de la cuarta lectora del grupo, (una niña, muerta en misteriosas circunstancias).

La irrupción de esta verdad «paraliteraria» es la que hace fracasar todos los planes y da fin a la lectura pública.

«Perspectiva Siberia»
cuenta, además, con muy buenos intérpretes que hacen válida esta peculiar experiencia teatral.

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