Un siniestro disc-jockey que enloquece de felicidad un pueblo, los policías que tienen que detener a Jorge Luis Borges porque atentó contra la felicidad, el Rey Mago que llega antes que los otros tres, la cajita feliz a la que Leonardo Favio le cambia la vida, la insoportable película que derrama felicidad, la ciencia que desarrolla un vaticano químico, las disruptivas obras para chicos de María Elena Wolf Dei, el local de las vacaciones que vende antirrecuerdos, son algunos seres y acontecimientos que llevan a sonreír, reír, asombrarse y pensar, en “Una historia de la felicidad” (Planeta), el nuevo libro de Pedro Saborido de su celebrada serie “Una historia de…”
Pedro Saborido, sobre su nuevo libro: "Hay que tener la astucia de buscar la felicidad en cosas pequeñas"
El autor publicó "Una historia de la felicidad", que continúa una saga de reflexiones sobre temas puntuales. "Hay detrás de eso un ensayista timorato que no se atreve al ensayo", dijo en diálogo con Ámbito.
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Pedro Saborido publicó "Una historia de la felicidad".
Pedro Saborido, reconocido autor, escritor, humorista, productor, guionista de TV y cine, conductor de radio, libretista de Mario Sapag y Tato Bores, que con Diego Capusotto hizo los hoy programas de culto “Todo por dos pesos” y “Peter Capusotto y sus videos”. Y en la actualidad continua con la gira de presentaciones teatrales con Felipe Pigna (la próxima será el 20 de febrero en Mar del Plata) de “Historias argentinas”. Dialogamos con Saborido sobre su nueva obra.
Periodista: ¿Cómo surgió hacer una serie de libros sobre “una historia de” el fútbol, el amor, el conurbano, la vida en el capitalismo, el peronismo y, ahora, la felicidad?
Pedro Saborido: Apareció con el primer libro, que no sabía que lo estaba escribiendo. Venía haciendo cuentos y notas humorísticas para “Un caño”, la revista de fútbol de Mariano Hamilton. Un día, preparando un libro para la editorial Planeta, me dijeron: ¿por qué no hacemos uno con esos cuentos y notas? Me puse a escribir más cuentos y textos para completarlo. Como no era que ofrecía “la” historia del fútbol sino “una” historia del fútbol, como no había nada cronológico ni enciclopédico sino un conjunto de relatos que daban “una” visión del fútbol, eso me dio el título, e hizo que a partir de ahí los libros se llamaran así, que convocaran diversas maneras de mirar un tema.
P.: ¿Por qué a los cuentos le siguen comentarios entre divertidos y reflexivos, hechos por personajes inusitados que pueden mencionar a Lacan, Freud o Piaget?
P.S.: Quise que, para ampliar los cuentos, los críticos y analistas del relato estuvieran en el libro. Son reflexiones que a veces remiten a las que tengo en un bar con mis amigos. Disquisiciones sociológicas, filosóficas o políticas de pizzería. También está el resultado de lo que investigo, lo que aprendo, lo que surge de charlas con gente muy diversa. Por otro lado, invento la interpretación que puede hacer por caso el cuñado de Lorenzo Miguel, porque los comentaristas son el cuñado, vecino o amigo de una eminencia. No es Federico Fellini quien reflexiona sobre el aforismo, el refrán y el slogan sino Tatiana Fellini, una publicista y socióloga.
P.: Suma a los cuentos una interpretación humorística, irónica, reflexiva, crítica, política…
P.S.: Hay detrás de eso un ensayista timorato que no se atreve al ensayo. Los comentarios ofrecen opiniones, perspectivas, dicen cosas. Pero, a la vez son textos breves que le dan ritmo al libro, llevan a leer. Eso tienen que ver con mi formación radial y televisiva, la brevedad, los cortes, los títulos, el mantener el interés.
P.: Después de veinte capítulos advierte al lector que va a publicar otro libro sobre la felicidad porque es un tema infinito…
P.S.: Es que son infinitas las posibilidades que la gente tiene de ser feliz. Comencé a preguntar diez cosas que lo hacen feliz, muchas respuestas coincidían, pero siempre había una singular, particular, muy personal. Por eso, como lo hago en todos mis libros, señalo al final todo lo que no abordé del tema, por caso las mil maneras de ser feliz, y la posibilidad de volver con otro libro sobre la felicidad.
P.: ¿Cómo encontró ese cuarto Rey Mago que lo lleva a una interpretación lacaniana del deseo, la intensa discusión de dos remeras parlantes o, entre otras cosas, una “cajita feliz” que tras escuchar a Leonardo Favio se hace sindicalista?
P.S.: Busco una imagen, una escena, y comienzo a indagar. La cajita: ¿es feliz o tiene que hacer feliz a la gente? ¿Qué pasa si esa cajita aún vacía está feliz? ¿Cada cuánto aparece una así? Y esta, encima, oye a Favio decir que no se puede ser feliz en soledad. Comienzo el cuento. De un modo parecido aparece el cuarto Rey Mago o el partido de fútbol que se juega sin arco, y entonces ¿cómo surge la felicidad del gol? Quizás esas ideas provienen de mi infancia, los Beatles, los hippies, la psicodelia derivada del surrealismo, el gusto por lo fantástico, lo disruptivo, eso que da la posibilidad de volar, da salirse, de contar algo, de divertirse.
P.: ¿Mostrando que el pecado de Borges (no haber sido feliz) es verso?
P.S.: Es que hay algún momento en que dice lo contrario. Investigué y el poema “El remordimiento” lo escribió cuatro días después de la muerte de la madre que fue tan importante para él, y eso lo llevó a esa conmovedora confesión. El poema más famoso de Borges habla de la felicidad, y la canción popular más famosa de la argentina es “La felicidad” de Palito Ortega, algo pasa ahí.
P.: ¿Cuándo aparece la felicidad?
P.S.: Aparece de vez en cuando, en momentos inusitados. La alegría, el júbilo, la euforia, no sé si son felicidad, pero son algo muy parecido. Yo la siento cuando hay cierta serenidad. Borges decía eso, y también que la felicidad es una aspiración insensata, que lo más sensato es aspirar a la serenidad, a la calma, a la tranquilidad, a la paz. Yo creo que hay que tener la astucia de buscar la felicidad en cosas pequeñas, no por una sensibilidad ramplona sino porque está a la mano. Yo he sentido que el mundo se suspendió unos segundos porque me pego una brisa caminando por Bariloche, porque besé a mi mujer, porque veo a mis hijos divertirse, porque me encuentro con un amigo. Supongo que hay una forma de felicidad que está tras una meta que requiere esfuerzos, sufrimientos, a la que acaso se llega, y acaso no es lo que se esperaba, o por ahí no se llega nunca. Y esta esa otra felicidad sencilla que se tiene cerca.
P.: ¿Después de “Una historia de la felicidad” qué sigue?
P.S.: Estamos en duda todavía. Cuando digo estamos, digo yo y algunos de los que me habitan. Pero ya tengo ganas de empezar. Por lo pronto está “Historias argentinas”, el espectáculo que hacemos con Felipe Pigna. Ahora vamos a hacer dos funciones el 20 de febrero en Mar del Plata, en el Teatro Provincial. Es un vaivén entre la historia como la cuenta Felipe y mi interpretación en clave de humor y cómo el hecho se lo vive hoy. Por ejemplo, nos ponemos a hablar sobre civilización y barbarie en el pasado y pasamos a cómo se vive hoy, cómo se refleja en nuestra vida, en nuestras cosas. Felipe habla de Gardel y eso nos lleva al tema de la identidad. Felipe habla de las revoluciones y yo del peronismo con humor. La gente siente que aprende, se divierte y se va en paz porque se sale de ese egocentrismo histórico en él que se está viviendo un momento tremendo del que no se va a poder escapar (porque cuando se la pasa mal el tiempo se detiene) y, al ver desde un lado distinto, se da cuenta que todo esto va a ser un momento de la historia; que todo, para mejor o para peor, va a pasar.






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