14 de mayo 2003 - 00:00

"Pensé un Lenin en Disneylandia"

Paco Ignacio Taibo II
Paco Ignacio Taibo II
Q uien es considerado el Papa del «neopolicial», uno de los fenómenos más interesantes de la literatura latinoamericana de los '90, el mexicano (nacido en Guijón, Asturias) Paco Ignacio Taibo II, vino a presentar su novela «Retornamos como sombras». Con sus cincuentena de libros, acumula premios internacionales, sobre todo en el género policiaco. No dado a la modestia, se enorgullece de haber creador el Festival de la Semana Negra de Guijón («la gran fiesta mundial de la literatura policial») y de su biografía «Ernesto Guevara, también conocido como el Che», que lleva vendido más de un millón de ejemplares.

Periodista: ¿Cómo el grupo de escritores que se reúne en «el neopolicial» logró presencia internacional?

Paco Ignacio Taibo II: Después del boom América Latina dejó de existir, ya no estaba de moda, y nos embromamos. Si se es escritor latinoamericano y se nació en los '50 uno se embromó, el boom ya no existía, las puertas se habían cerrado, ya no se podía publicar afuera. Pero las puertas se fueron abriendo lentamente desde literaturas periféricas. Y fuimos ahí abriendo un hueco de a poco, con una crítica muy agresiva en contra nuestra. Yo lo he vivido de modo contundente con críticas negativas y silencio ante mis premios internacionales.


P.:
¿Eso se debe a que cultiva el género policial o por qué a ustedes los consideran una «mafia» de escritores?

P.I.T.II: Hay una estructura de bloqueo que se ha construido basada en la teoría de las modas. Es horrible como se arman modas literarias.Ante eso esta generación de parias nos hemos conectado a partir de aficiones, gustos, amistades. Y se creó una red de complicidades que usted llamó incorrectamente mafia. No vamos armados y no hacemos maldades. Somos muy burros, muy salvajes, pero absolutamente solidarios, jamás le cerramos una puerta a un colega. Donde uno entra la abre. Son reglas de convivencia diferentes a las de la generación anterior que se basaba en celos, envidia, codazos, poder político, negociado cultural. Somos mejores personas que los que fueron ellos.


•Policial argentino

P.: En la Argentina hay una tradición de novela policial, sin grandes novelas policiales...

P.I.T.II: Es un absurdo. Que un escritor de vanguardia como Rodolfo Walsh, cronista excepcional y cuentista fascinante, cuando hace policial haga un novela horrorosamente mala y tradicional es extrañísimo. Usa los cánones británicos más primitivos. La culpa la tuvo el Séptimo Círculo y esa especie de culto por el enigma malo. Luego evolucionó y comenzó a incorporar el hard boiled americano y se compuso, pero la primera tradición, la del enigma inglés, es vomitiva. Agatha Christie es de segunda, su representación del proletariado a través del mayordomo, que es el asesino, no me convenció nunca. Es realmente extraña esta tradición argentina invertida, en otras partes de América venimos de la otra esquina, de la de los bárbaros, de la de Chandler, Hammett, Thompson y Himes.


P.:
¿Qué es, además de una novela, «Retornamos como sombras»?

P.I.T.II: Es Lenin en Disneylandia.Y el mayor pecado de falta de humildad de mi vida. Me dije: voy a escribir la mejor novela de aventuras que se haya escrito en este continente, porque la quiero leer, porque últimamente no leía nada que me calentara. Entonces metí 12 años en la locura de convertir la novela de aventuras en novela de ideas, sin que deje de ser de aventuras. Sólo alguien desprovisto de humildad puede escribir algo así.


•Hitler cafeinómano

P.: ¿Como se le ocurrió contar de un Hitler que se inyecta tres centímetros cúbicos de cafeína mexicana?

P.I.T.II: Porque es cierto. Lo bueno de ser mexicano es que lo absurdo es verdad hasta que no se demuestre lo contrario. Además de Hitler está Hemingway, que un día se duerme en una piscina vacía y despierta en Veracruz. Luego, en archivos de Washington encontré documentos sobre la corrupción de Miguel Alemán, ministro mexicano de gobierno, y sus vínculos con el espionaje nazi, el doble juego del gobierno mexicano. Después entró la historia de Chiapas, el manicomio, el Manolete toreando en la sierra de México, los submarinos en el golfo de México. Cada vez que abría una línea, pasaba seis meses investigando, divertidísimo pero sin escribir nada. Así fue creciendo la novela, con investigaciones periféricas, tratando de construir una novela de aventuras total, donde entrara todo.

P.:
¿Cómo se organizó para eso?

P.I.T.II: Me divertía una novela de aventuras concebida como novela barroca. Si algo admiro en literatura es el derecho a la digresión. La capacidad no lineal es el anti-bestseller. El bestseller es práctico, lineal y bobo. Dimensionalmente sus personajes son lo mas funcionales posibles, la anécdota vale todo, la atmósfera nada. Ya Victor Hugo nos decía la novela es vaguedad, ambigüedad, caminos a ningún lado, puntas de ruptura, contextos, historia de las historias. Y fascinación.


P.:
¿Buscó realizar una novela coral actual, pero al estilo de las del siglo XIX, que además fuera un neo policial?

P.I.T.II: En la «novela río», en la que muchos afluentes llegan a una historia, algunos llegan mal. Es el problema de las novelas de Ross McDonald que están trazadas como rompecabezas perfectos. Si en la página 32 tiene importancia más de lo normal una camarera es porque en la página 71 va a ser la hija de un primo del mayordomo. En el neopolicial la vida juega de otra manera, los personajes secundarios no necesariamente son trascendentales y valen lo que valen porque existen, y punto. Son rompecabezas imperfectos, llenos de agujeros, historias que no se concluyen. Traté de hacer una novela wagneriana, con un montón de finales, que no decaiga. El problema de la estructura en la novela policial, en la novela enigma, es que pesa mucho el principio, donde establece el enigma, crece en la acción y luego muere en la explicación. Es triste leer una novela con decadencia y caída. A mí me gustan las que al final se vuelven más intrigantes que al principio. Pero si en una novela en la tercera página no sale un enano tocando las maracas, tiro la novela por la ventana. Necesito en la lectura de la sorpresa, el desconcierto, el exotismo, la locura, el delirio, la acción.


P.:
¿Cómo salta de la novela policial a la de aventuras?

P.I.T.II: Es una transición natural. Novela policial, negra, de aventuras, es todo lo mismo, son novelas de acción.


P.:
¿Por qué Hitler?

P.I.T.II: Era una figura del mal exótica que me resultaba de contrapunto a los personajes. Un Hitler con un solo testículo, cafeinómano y delirante, combina muy bien con México, ya de por sí delirante. Además la investigación de Hitler y sus médicos brujos es real. Leí expedientes del Servicio Secreto británico, que en la novela se comentan. Hay una investigación larga y seria detrás del libro, pero obviamente oculta porque no quería que la historia me comiera a la novela.

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