14 de agosto 2007 - 00:00

Puente de Calatrava divide a venecianos

Tras once añosde polémicas ya un costo de14,5 millonesde dólares, seempezó ainstalar laestructura delnuevo puentede Venecia,diseñado por elarquitectoespañolSantiagoCalatrava.
Tras once años de polémicas y a un costo de 14,5 millones de dólares, se empezó a instalar la estructura del nuevo puente de Venecia, diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava.
Venecia (La Vanguardia) - Tras años de polémicas que han ido desde su no adaptación para el paso de discapacitados e incluso a la capacidad de las riberas para soportar su peso, la estructura del nuevo puente de Venecia, el cuarto sobre el Gran Canal, diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava (Valencia, 1951), comenzó a alzarse este fin de semana sobre las aguas de la serenísima ciudad. Cuando se acabe su delicada colocación y se instalen el suelo de vidrio y las barandillas laterales también tendrán punto final los polémicos once años que ha tardado este proyecto en completarse con unos costos triplicados que han alcanzado los 11 millones de euros.

Los 94 metros de largo, 8,25 de ancho y 10 de altura del puente conectarán la estación de tren con la terminal de autobuses de Piazzale Roma, y los venecianos contarán con una nueva vía para atravesar su principal canal, junto con los históricos puentes de Rialto, de los Descalzos y de la Academia. Cierto que no todos los venecianos están contentos: mientras miles de ellos esperaban en las riberas del Gran Canal la aparición de la barcaza que cargaba con la estructura del nuevo puente, otros se manifestaban por su costo en una ciudad que, dicen, tiene otros problemas.

La historia del nuevo puentearranca en 1996, cuando el entonces alcalde Massimo Cacciari, un filósofo de quierda, aceptó la donación hecha por Calatrava de un estudio de viabilidad de esta obra. En 2001, y tras más de dos años de debate, la junta municipal de la ciudad italiana decidió que sería Calatrava el encargado de construir el nuevo puente, un arco sutil iluminado desde abajo que se sumaría al puente de Rialto, una joya del Cinquecento italiano convertida ya en una estampa clásica de la ciudad; a la enorme mole de madera del puente de la Academia, nacida en su momento como una solución provisional, y al más reciente puente de los Descalzos, situado frente a la estación ferroviaria.

Ya en 2004 aparecieron problemas porque el proyectado nuevo puente no permitía el paso de discapacitados y el Ayuntamiento pedía colocar por lo menos un ascensor, a lo que el arquitecto se opuso por el impacto estético. Y en mayo de este año, una gran inquietud recorrió la corporación municipal veneciana: no estaba claro que las frágiles riberas, donde predomina el cieno y no la roca, resistieran el peso del puente, que provocaría un empuje de unos 75 tráilers en ellas. Si ninguno de los peores augurios tiene lugar tras el inicio de la instalación de su delicadísima estructura ahora el principal problema es buscarle un nombre: se barajan el de Santa Lucía o el de la Paz, pero también hay quien, con ironía, ha propuesto bautizarlo como el de la Espera.

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