29 de agosto 2005 - 00:00

Recuperar el placer de las obras bellas

«Paisaje fluvial», de Cornelis Decker, óleo sobre tabla que data de mediados del siglo XVII.Estará en el sector de Pintura Holandesa y Flamenca en la Feria de los Anticuarios.
«Paisaje fluvial», de Cornelis Decker, óleo sobre tabla que data de mediados del siglo XVII. Estará en el sector de Pintura Holandesa y Flamenca en la Feria de los Anticuarios.
El jueves, en el Palais de Glace, se inaugura la Feria de Anticuarios que organiza la Asociación Amigos del Museo de Arte Decorativo, institución que junto al Museo de Luján exhibirá varios de sus tesoros. Desde los tiempos en que la Argentina era el granero del mundo, se consolidó en el país una vocación por el coleccionismo de antigüedades y pintura europea que todavía perdura.

En el contexto de fines del siglo XIX y principios del XX, las ideas provenientes de sociedades «más evolucionadas», encontraron pronto eco entre los criollos, quienes acrecentaron sus colecciones con obras de arte europeas. En ese entonces, los argentinos supieron expresar su admiración por otras culturas y el deseo de acercarse a los modelos originales, razón que determinó la escasa presencia de artistas americanos en las colecciones.

Si bien hasta hace apenas unos años, el placer que depara vivir rodeado de bellos objetos parecía interesar tan sólo a una élite, ese deleite se fue extendiendo a gran parte de la sociedad. El presidente de la Asociación de Anticuarios, César Feldman, cuenta que en la Argentina había más pinturas de Sorolla que en España, pero agrega que con los años el gusto se tornó ecléctico.

En la galería Studio, Feldman prepara un mix de muebles ingleses de los siglos XVIII y XIX para llevar a la Feria, además de una extensa serie de grabados de precursores como Rugendas, Vidal o Pallière, y de artistas franceses, ingleses e italianos de la misma época. En este conjunto, figuran los estupendos grabados de Rossini y su maestro, Giovanni Battista Piranesi, que con su imponente teatralidad no dejan de suscitar -sobre todo en artistas e intelectuales-, un interés que resiste el paso del tiempo.

Entre las pocas obras de arte que Jorge Luis Borges conservó en su casa de la calle Maipú, junto a la pintura «Anunciación», de su hermana Norah (los cuadros de Xul Solar los regaló a su sobrino Miguel de Torre Borges), estaba la «Veduta della piramide di Cestio» de Piranesi, que junto a un grabado de Rossini compró personalmente a un anticuario de la calle Córdoba.

Los stands más importantes, sin duda, serán los de Cirse, Della Signoría, Rambo, Jimmy Eguiguren y Cardamom, que con sus muebles del XVIII y cuadros del XIX, mantienen el estilo que se acerca al gusto tradicional del coleccionismo porteño. Entre los especialistas, figuran Daniel Miranda, que exhibirá un potpurrí de muebles y objetos de la época victoriana; Lily Beer, presentará sus estupendos tapices Aubusson; Santarelli y Jean Pierre, sus deslumbrantes joyas y platería; Ricardo Paz, los muebles de raíz indigenista realizados en el interior del país; Eguiguren, arte de Hispanoamérica, y los libreros de Imago Mundi y Aizenman, interesantes documentos y primeras ediciones.

Como siempre, y más allá de la excelencia de las piezas, suscitan curiosidad los montajes del experto en arte oriental,
Eduardo Cohen y Gloria César, dado el carácter espectacular que han logrado en ferias anteriores. Entre las galerías de arte, Palatina y Sur, sacarán a relucir de sus bien provistas trastiendas, buenas obras vanguardistas, y Marcos Bledel, su confiable pintura europea.

En medio de este esplendor, el carácter internacional lo confirma la llegada de la marchand española
Soraya Cartategui con su extensa colección de pintura holandesa y flamenca de los siglos XVI y XVII, que ya suscitó el interés de expertos en Old Masters como Angel Navarro.

Durante las sucesivas crisis económicas, la Argentina se convirtió en uno de los principales exportadores de arte del siglo XIX, y el desembarco de Cartategui, es un dato positivo para tener en cuenta. Frente a las delicias de la pintura holandesa y flamenca y en diálogo con este diario, la española explica su importancia:
«Durante el Siglo de Oro en Holanda, surgieron grandes pintores de retratos, bodegones, paisajes, batallas, marinas o escenas de género. El legado de este período interesa cada vez más a los compradores, porque los grandes maestros están en alza en el mundo entero y se consideran una buena inversión».

Localmente, una nueva generaciónde coleccionistas como Eduardo Costantini o Francisco De Narváez, que se suman a las familias Grüneisen, Caraballo y Blaquier, entre otras, mantiene firme el mercado a pesar de los avatares económicos.

Los anticuaros fijaron precios en dólares, aunque aclaran que los valores de sus obras no escalaron todavía las cifras siderales que mueve el mercado internacional, y dicen que las piezas de mayor calidad son las que el público argentino compra. Pero además, el turismo que inunda Buenos Aires tendrá mucho para descubrir, y de todas las épocas.

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