3 de abril 2003 - 00:00

Refinado "Boccanegra" abrió año en el Colón

Víctor Torres
Víctor Torres
«Simon Boccanegra», ópera de Giuseppe Verdi. Con Víctor Torres, María Pía Piscitelli, Rosendo Flores, Gustavo López Manzitti, Hernán Iturralde, Christian Peregrino, Carlos Sanpedro y Graciela Iglesias. Dir. Coro: Alberto Balzanelli. Regie e Ilum.: Constantino Juri. Repos. Esc. y vest.: Claudio Hanczyc y Eduardo Caldirola, sobre original de Paul Walter. Orq. Estable, director: Massimo Biscardi. (1/04, Teatro Colón, Función de Gran Abono).

E l gran drama político «Simon Boccanegra» de Giuseppe Verdi, con la que el teatro Colón inauguró anteayer su temporada lírica y que continuará representándose esta semana, está basado en la lucha por el poder complicado por secretos filiales, odios y rencores en una Génova medieval, próspera económicamente por los transportes entre Europa y Oriente, que utilizaban sus puertos y sus bancos que financiaban grandes operaciones. Pero las reyertas y controversias entre las poderosas familias genovesas signaron su propia decadencia y terminaron favoreciendo a Venecia, debilitando las colonias de Oriente luego ocupadas por los turcos.

El histórico Boccanegra asumió en 1339, abandonó en 1344, volvió en 1356 y murió en 1363, envenenado, tal como se narra en la escena. En este sentido, y en muchos otros, esta ópera es aleccionadora y vigente. Por lo tanto, estamos ante un drama de ideas, casi filosófico, con las debidas complejidades psicológicas de los implicados en la trama, enmarcados con la música de un Verdi maduro que no hace concesiones y con sutiles referencias marítimas, con infinitos detalles armónicos y orquestales que indican la visión prospectiva del compositor hacia la música que, inevitablemente, se crearía en el futuro.

•Versión

En esta reposición se optó por sus aspectos más humanamente trascendentes, y tal vez por eso algunos la encuentren desapasionada y sin reacciones espasmódicas. Más que un corsario, Boccanegra es un noble que sirve a la causa del pueblo y que, como Otelo o Falstaff, es paradigmático.

Víctor Torres
recrea al protagónico, aportando su voz melodiosa y otorgando intensidad dramática y gesto grave a su comprometido personaje. El bajo mexicano Rosendo Flores le otorga su voz profunda al rencoroso Fiesco, y con Torres en el último acto están conmovedores. Los claroscuros de la soprano María Pía Piscitelli le van muy bien a su papel, que debe mejorar en la expresividad como actriz.

El tenor Gustavo López Manzitti se consagró en su inobjetable personificación de Gabriele Adorno. El barítono Hernán Iturralde, con un rango potente y caudaloso, hizo un convincente e intrigante Paolo Albiani. Correcto Christian Peregrino como su secuaz.

La régie de
Constantino Juri siguió el ideario planteado al principio de esta reseña; el Coro sonó excelentemente preparado. La Orquesta Estable sin fisuras, salvo las aparentemente inevitables pifias de los cornos y algún apurado por tocar antes de tiempo; por lo demás, impecable.

El director
Massimo Biscardi, detallista y hábil concertador, optó por una versión concentrada y con refinamiento, resaltando valiosos párrafos de la partitura y evitando estrepitosos finales, para que la coloración orquestal acompañe la densidad del drama no como una gesta heroica sino desde su visión humana y atribulada.

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