Presentación de «Demolition». Actuación de Judas Priest. Con Glenn Tipton (guitarra), KK Downing (guitarra), Scott Travis (batería), Ian Hill (bajo) y Ripper Owens (voz). (Estadio Obras, 1 de setiembre.)
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La banda británica Judas Priest es un emblema del heavy metal, una música que a través de los años ha adquirido, como prácticamente ninguna otra en el rock, la categoría de «clásico». Aunque el comentario pueda sorprender a quienes escuchan habitualmente otras cosas, hay que decir que el heavy es una música equilibrada, con conceptos formales muy estrictos, con concepciones muy concretas sobre el arte, que tiende a la sencillez, a la ausencia de artilugios.
Y por eso, desde otro punto de vista más juvenil, hasta puede resultar antiguo que un grupo de músicos que rondan los 50 años siga haciendo una música que nació para oponerse a los mandatos del marketing, que busca en el estilo vocal de la lírica, el virtuosismo en los grandes intérpretes guitarrísticos, las melodías y las armonías en el barroco, la forma musical en la típica canción con estribillo, la grandilocuencia en sus vecinos del rock sinfónico; y, cuya mayor impertinencia es distorsionar las guitarras y poner el volumen al máximo. En ese sentido, Judas Priest sigue siendo fiel a los postulados que se plantearon el baterista Ian Hill y el guitarrista Kenneth «KK» Downing en 1969 cuando armaron la banda en Birmingham.
Y sólo la inclusión de la segunda guitarra de Glenn Tipton, en 1973, puso un toque «exótico» al trío básico del rock. De los fundadores, sólo queda Downing, aunque por su antigüedad en el grupo también puede considerarse como miembros originales a Tipton y aun al baterista Scott Travis, que se sumó a mediados de los '80. Ya no está, en cambio, Rob Halford, el vocalista que alcanzó mayor popularidad en la banda aunque no estuvo desde el principio, y partió hace años para buscar otros caminos. En esta reaparición de Judas Priest, ese lugar lo ocupa Ripper Owens, alguien que ya había estado con ellos a principios de los '90. Con su nuevo disco «Demolition», pero apoyándose en los mayores éxitos del grupo, los Judas cumplieron ampliamente con sus fans. Suenan casi como antes, y eso es justamente lo que se le pide a una banda de estas características, más allá de que la actitud conservadora pueda molestar a quienes prefieren la renovación.
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