5 de mayo 2006 - 00:00

Retrospectiva del admirable Cinalli

La muestradel Museode BellasArtes es unavaliosaocasión dever 62 obrasdeldifícilmenteencasillableRicardoCinalli, unargentinoque triunfaen el exteriory que exhibemuyesporádicamenteen elpaís.
La muestra del Museo de Bellas Artes es una valiosa ocasión de ver 62 obras del difícilmente encasillable Ricardo Cinalli, un argentino que triunfa en el exterior y que exhibe muy esporádicamente en el país.
El pabellón de Exposiciones Temporarias del Museo Nacional de Bellas Artes, recientemente restaurado, es el marco digno y propicio para la muestra antológica de Ricardo Cinalli (Santa Fe, 1948). Bajo la curaduría de Patricia Rizzo, asimismo editora del catálogo y autora junto a Edward Lucie-Smith, Sanda Miller y Renato Rita de uno de los textos críticos, señala lo esporádico de sus presentaciones en nuestro medio por lo que ésta es una valiosa ocasión de ver reunidas 62 obras de este artista que vive en Londres desde 1973. 

Vastamente conocido en el medio artístico europeo, Cinalli, graduado en psicología en la Universidad de Rosario y estudioso de la filosofía, es autor de una obra difícil de encasillar y de la que esta sección se ocupó en los años '89, '93, '98 y en ocasión de la presentación de su libro «Teatro popular» en 2001. 

Gran parte de su obra está realizada en pastel sobre papel de seda en capas superpuestas, gran rigor dibujístico en cuerpos clásicos, desnudos masculinos y femeninos, escenas mitológicas con minotauros y centauros entrelazados, que como una vez señaló él mismo, son «pretextos visuales para hablar de miedos contemporáneos». Primeros planos de pies y manos gigantescas de un grafismo encrespado con juegos de sombras, protagonistas de fragmentos anatómicos de carácter escultórico, no obstante la levedad del papel.
Voluptuoso dibujo de origen académico, perturbadoras escenas, a veces de pesadilla, sensualidad exaltada, efecto teatral, un constante oscilar entre realidad y ficción, la monumentalidad y como opuesto, los pequeños mundos de sus cajas donde se desarrollan dramas tomados de la iconografía cristiana, por ejemplo, «La Ultima Cena» o «Cristo en la Cruz». 

El tema religioso está presente, «La Corona II» (2002), «Atravesando el Mar de Galilea» (2003), «La Cruz Humana» (2004), ya sea de manera mística, osada, cuestionadora, como en «Sin Título», una cruz formada por un hombre negro que se extiende verticalmente y uno blanco, horizontal, la corona de espinas sobre su abdomen. Es indudable que hay situaciones de la actualidad sobre las que Cinalli reflexiona: «Pide y te será concedido» de la serie «Black People». La figura de un papa negro sentado, vestido de azul, que recuerda a la postura de «Inocencio X» de Velázquez, pero con las palmas de las manos hacia arriba repletas de diamantes. A esta obra le sigue la serie «Blue Travellers», cabezas de personas de raza negra, realizadas a partir de 2003, «imágenes premeditadamente dirigidas a la confrontación, que esperan representar al nuevo orden en Europa». 

Hay varias obras muy conmovedoras, «La Pirámide Humana», casi un descenso a los infiernos, óleo sobre tela y espejo de agua, «Narciso», imagen tentadora para los artistas, una instalación de 2003, «Autorretratos», metáforas sobre un mundo que se disuelve así como «Paisaje Siglo XXI» sin huellas humanas. La obra de Cinalli compendia la vida, el arte, la creación, la belleza, la muerte. No es poco. Hasta junio.

  • Anzízar

    «ODT, oportunidades de tránsito», sigla de una metáfora que José Luis Anzízar se ha inventado para definir el trayecto de una vida, de su vida. Es por eso que en un texto confesional expresa que «la distancia que separa al acto de nacer del acto de morir no debería medirse en cantidad de años sino en cantidad de tránsitos». Aeropuertos, demoras, esperas, 625 vuelos contabilizados entre los de placer y de trabajo lo motivaron para esta muestra autorreferencial «Embarque Inmediato». 

    Objetos y dibujos-pinturas realizados entre 2005 y 2006, vistas aéreas de congestionados aeropuertos, pistas de aterrizaje, aviones unidos al papel por medio de costuras y recubiertos con mapas, tickets, una iconografía viajera que se completa con servilletas del servicio de a bordo a manera de friso también unidas por costuras y las bolsitas para el mareo hechas de mapas que pueden ser de ciudades. 

    De este viaje que Anzízar aborda con su ironía habitual recordamos la serie «Zapatos» (2000-2002) por la que conocimos su quehacer y «Empanadas» (2003), ambas echaban una mirada sobre la identidad nacional, hace gala de una gran libertad colorística, trazo leve, chorreados que se diluyen y que se oponen al dibujo preciso del cuaderno de bocetos. Más allá del significado de «viaje», en este caso ausente la aventura, Anzízar enfatiza el «no lugar» por el que transitamos cotidianamente, el estado de precariedad existencial, la homogeneización, en un mundo de fronteras blandas en el que el hombre ya no ocupa el centro de la escena. Galería Elsi del Río (Arévalo 1748). Hasta el 10 de junio.
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