7 de septiembre 2004 - 00:00

Robirosa, testigo de lo desconocido

«Sin título» (2003) de Josefina Robirosa, que se exhibe en su actual muestra de Espacio, donde alcanza una excepcional madurez artística.
«Sin título» (2003) de Josefina Robirosa, que se exhibe en su actual muestra de Espacio, donde alcanza una excepcional madurez artística.
Josefina Robirosa presenta una muestra en Espacio (Alvear 1595), hasta el 25 de septiembre. Para Robirosa (Buenos Aires, 1932), el papel del arte ha sido siempre dar testimonio silencioso de lo desconocido. Pero en esta exposición alcanza a manifestarlo con su excepcional madurez artística de más de cuarenta años de trayectoria y podríamos decir que logra una verdadera vuelta de tuerca a sus últimas dos grandes presentaciones, en el Museo Nacional de Bellas Artes (1997), y en el Centro Recoleta (2002).

«Buscando el nombre»
se destaca por la calidad pictórica lograda a partir de modelos chicos, originalmente digitales, que ampliados, desde superficies planas llegan a medidas promedio de 1.20 x 1.60 m., con material abundante casi tridimensional. Son veintitrés obras de 2003 y 2004, algunas con espacios interiores con una figuración sugerida, y otras a las que la artista llama « arquitecturas de verticales y horizontales», con las que genera espacios vinculados a su actual interés por la meditación. Una preocupación que continúa su declarada actitud ante el mundo.

Hay, para ella, una realidad externa que debe ser observada desde lo interior, más allá de sus apariencias. La meditación armoniza la mente y el cuerpo pero, además, en sus obras articula la expresión de lo creativo. Nos encontramos así con el sujeto débil posmoderno sobre el que tanto ha reflexionado el filósofo italiano Gianni Vattimo. No es el sujeto fuerte de los «grandes relatos» de la modernidad.

Hace algunos años, al reflexionar sobre su obra, postulamos cinco etapas como progresión de un discurso interior, de un diálogo entre ella y el mundo exterior. El primer período de su obra, iniciado en la década del '50, está vinculado a la abstracción, aun cuando la geometría suele entrar en sus óleos, tintas y monocopias, como paisajes. Pero en sus figuras abstractas ya se advierte que la artista busca articular formas y paisajes para fundar un universo propio.

A mediados de la década del '60, en un segundo momento, la búsqueda de Robirosa nos conduce nuevamente al orden geométrico. Las líneas cromáticas simétricas transcienden el efecto óptico del lenguaje del Op Art, y configura espaciosy estructuras singulares en los que incluye la figura humana. Robirosa intuye y proyecta en sus pinturas la correspondencia entre el macro y el microcosmos, entre el Universo y el hombre, postulados en las Upanisad de las tradiciones hindúes, en los textos chinos clásicos, pero también en la filosofía griega.

En su tercera etapa, el Universo se condensa en el paisaje natural, que termina por ocupar la obra. En la secuencia siguiente, su tema es la Naturaleza: bosques o fragmentos de realidades naturales realizados con un cuidado trabajo del color y la pincelada. A mediados de los años '90, se destaca la liberación de lo figurativo. Expone los cuatro elementos, agua, aire, fuego y tierra, bajo una luz radiante, y en un espacio poético propio.

Robirosa
constata la continuidad de la esencia de aquellas experiencias estéticas en sus recientes arquitecturas luminosas. Podríamos decir que estas arquitecturas verticales y horizontales están emparentadas o rinden tributo al arte de su hijo arquitecto. Aunque es más común que los hijos continúen el pensamiento de los padres, también muchas veces nos nutrimos de la creatividad de nuestros hijos.

A partir de 2002, la artista es miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes. En ese año también expuso en la muestra del Proyecto Golem, en Praga y Buenos Aires (MNBA). Su obra condensaba la expresión visual del misterio, vinculado al relato tradicional de Johan, un joven estudiante de Heidelberg que deseaba ir en busca del Golem a Praga, ciudad considerada el umbral mágico hacia otros mundos.

Josefina Robirosa
cree que la meditación la ha ayudado en ese camino y le ha permitido, en estos últimos años, aislarse de mucha maldad y pobreza espiritual.

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