20 de octubre 2006 - 00:00
"Rodamos en Irak acreditados como Payasos sin fronteras"
-
La nueva película de Netflix grabada en la Cataratas del Iguazú que se convirtió en la más vista de la plataforma
-
Con un regreso triunfal: Netflix estrenó la nueva temporada de una serie muy esperada y popular
El director vino a Buenos Aires a presentar «La espalda del
mundo» (elogiado documental que, además, mejoró la vida de
sus desdichados protagonistas), «La guerrilla de la memoria
(sobre viejos antifranquistas») e «Invierno en Bagdad», su
trabajo más reciente.
J.C.: No, qué va. A poco de haberlo filmado, le dieron una nueva fecha de ejecución. La Suprema Corte de los Estados Unidos la detuvo cuando solo faltaban tres días. Otra vez a esperar. Entonces hicimos para televisión un mediometraje, « Condenados al corredor». Pero ahora la Suprema hizo algo más: invalidó el juicio que lo condenaba, porque, entre otras anomalías, se comprobó que el juez y el fiscal habían armado un jurado exclusivamente compuesto de blancos. Ahora, tras veinte años de espera, Thomas Miller-El salió del corredor y tendrá un nuevo juicio en marzo, donde quizá pueda probar su inocencia. También está el caso de su esposa, condenada a perpetua por negarse a declarar contra el marido.
P.: ¿Y el chico peruano?
J.C.: Guinder Rodríguez, el niño picapedrero que soñaba con seguir estudiando, también tuvo suerte. El director de un colegio de Lima vio la película, lo buscó, y le dio una beca. Ahora ya termina la secundaria, y se prepara para entrar en la Universidad. Quiere ser ingeniero industrial. Pero hay algo más. Su padre fundó una biblioteca en la villa miseria donde viven. La bautizó « Biblioteca Popular Thomas Miller-El». Se han conectado entre ellos. Se escriben mucho.
P.: ¿Y qué pasará con los entrevistados de «Invierno en Bagdag»?
J.C.: Mantenemos contactocon la monja mexicana y el veterano de Vietnam que fueron antes de la guerra, para afirmar la idea de confraternidad, el cirujano iraquí que conectamos a través de Médicos sin Fronteras, y algunos otros. Le cuento que la nena que aparece en tratamiento de recuperación de su brazo (herido por una bomba) acaba de ser nuevamente operada en España. De otros, cuesta saber qué fue de sus vidas, porque ni siquiera tenían domicilio fijo.
P.: Por ejemplo, un chico lustrabotas que dice cosas muy interesantes...
J.C.:Ah, pero él se las ingenió. Nos estamos carteando a través de los pasajeros del Sheraton Hotel. Como él instala su cajoncito a pocos metros de la puerta... Vea, la gente de allá está viviendo una tragedia, pero tiene una enorme fuerza para salir adelante cada día.
P.: El documental lo evidencia. ¿Le quedó algo sin poner?
J.C.: Registramos muchísimas madres de soldados norteamericanos, que fueron hasta ahí, a decirles a sus hijos que vuelvan a casa. Eso da para otra película, lo mismo que el tema de los suicidios, algo que se oculta, pero que ya supera los 200 casos.
P.: ¿Cómo hace para filmar todo eso? ¿Las autoridades lo dejaban?.
J.C.: Es que cuando fuimos no había nadie a quien pedirle permiso. Rodábamos hasta que pasaba algún militar, pero si era latino generalmente se alegraba de hablar un rato con alguien en español y nos dejaba.Y casi todos los soldados «a pie de calle» (es decir, ubicados en los sitios más peligrosos) son latinos. Aparte, nosotros entramos como payasos.
P.: ¿Cómo es eso?
J.C.: Entramos con credenciales de Payasos sin Fronteras.Y nos dedicamos a hacer reír a los niños, tanto en los ratos libres como en los rodajes, pero esto último como una maniobra de distracción, para que no rodeen al de la cámara cuando estaba haciendo el reportaje. Bagdag está lleno de niños. Hay mucho niño de la calle, y mucha mendicidad.
Entrevista de Paraná Sendrós




Dejá tu comentario