27 de agosto 2008 - 00:00

Rolón: interpretando por un sueño

Florencia de la V.
Florencia de la V.
El estreno de «Terapia», el viernes por «América», probablemente haya decepcionado a quienes, acaso con cierta ingenuidad, pensaron que una parodia de la escena analítica podía ser una alternativa potable a «tanto tralalá y tanto baile que hay en la televisión» (dixit Mirtha Legrand).

Desde luego no podía esperarse mucha ortodoxia de una idea que propone que los entrevistados-pacientes sean analizados (o «desnuden su alma», como dijo la invitada debut, Florencia de la V) en cámara, por Gabriel Rolón, un psicólogo con buen oficio como divulgador del psicoanálisis, a quien por eso mismo algunos de sus colegas (des)califican de «mediático», no sin cierta envidia por el éxito editorial de su libro «Historias de diván», y justo en tiempos en que la condición « mediática» es vista ya casi como otra cualidad del ser. Por otra parte, tanta gente se «desnuda» en todo sentido hoy en TV, que cabía la esperanza de que ésta fuera una manera novedosa de hacerlo.

Probablemente, también, la primera en decepcionarse fue la propia Florencia de la V, una experta en hablar de sí misma, amén de en tralalá y en baile, cuya predisposición fue de gran ayuda al más circunspecto que de costumbre licenciado Rolón, quien como corresponde a su investidura evitó en todo momento incomodar o sobresaltar a la analizada. Eso sí, al estilo de los «confesionarios» de «Gran Hermano», por caso, le advirtió a De la V que luego de su paso por el diván, él le haría «una devolución», que ella confesó esperar «con ansias». Como ciertos mentalistas, le pidió también que escribiera tres palabras en un papel, pero que no se las mostrara.

Recostada en el diván, la vedette habló de todo, porque como dijo en uno de los numerosos inserts que intentaban darle ritmo televisivo a tanta quietud y tanto protagonismo de la palabra, «esto lo hago señora, para que usted vea que detrás de esta gran mujer hay una persona que siente y sufre como cualquiera». Todo el tiempo se mostró atenta y relajada, y contestó casi sin respirar a las preguntas del analizante, como si tuviera las respuestas y el sentido común aprendidos de memoria. Todo muy prolijo y con apariencia de haber sido guionado, a diferencia de la brutal «televisión verdad» de un programa como «Policías en acción» donde los protagonistas, auténticos convidados de piedra, no tienenotro remedio que ser espontáneos. Casi sin precisar la guía de Rolón, Florencia de la V dijo básicamente que extrañaba mucho a su madre, fallecida cuando ella tenía apenas dos años, sobre todo ahora que prepara su casamiento, y que en la infancia no pasó una noche que no llorara por ella. «No pasó una noche sin que llorara por mi madre», decía un cartel sobreimpreso, de esos que inauguró «Crónica» y hoy usa toda la televisión, incluyendo los noticieros. Que pese a que su padre la dejaba « negra» de tanto pegarle, ella lo quería y le agradecía todo lo que le enseñó, «la responsabilidad» y la «autoexigencia», en primer lugar («No le guardo rencor a mi padre», el cartel). Que ella es «muy frontal». Que trabajó mucho para que su «destino no fuera la calle Godoy Cruz». Que en su novio encontró la persona «para envejecer juntos» (cartel). Y que todos los días «brinda por la vida» (cartel).

A la hora de la ansiada devolución, el licenciado le dijo casi textualmente: «Veo a una persona muy sincera, que trabajó mucho para que su destino no fuera Godoy Cruz, que extraña mucho a su madre, ha perdonado a su padre, cree en la familia, está enamorada y todos los días celebra la vida». Tras lo cual, le pidió que leyera las tres palabras que había escrito y ocultado: «Pablo» (el novio), «Mamá» y «Familia».

Al final (tal vez habría que decir después del alta terapéutica), De la V dijo que para ella haber participado «fue un placer... porque a mí me encanta desnudar mi alma».

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