12 de agosto 2004 - 00:00

"Ruby y Quentin"

Gerard Depardieu y Jean Reno en «Ruby & Quentin. ¡Dije que te calles», eficaz nueva comedia de Francis Veber.
Gerard Depardieu y Jean Reno en «Ruby & Quentin. ¡Dije que te calles», eficaz nueva comedia de Francis Veber.
«Ruby & Quentin. ¡Dije que te calles!» («Tais-toi!», Francia, 2003; habl. en francés). Dir.: F. Veber. Int.: G. Depardieu, J. Reno, R. Berry, A. Dussolier, J.-P. Malo.

Lo hicieron Laurel y Hardy, Abbot y Costello, Lemmon y Matthau, Brel y Ventura; tantos, que la enumeración sería ociosa. Sólo se trata de dar con los intérpretes justos, un argumento más o menos básico y, sobre todo, que la fórmula funcione. Y aquí funciona: «Ruby & Quentin. ¡Dije que te calles!» es una comedia carcelaria en la que el insoportable Quentin (Gérard Depardieu) le hace la vida miserable a Ruby (Jean Reno), y a unos cuantos más.

Quentin, un tonto charlatán irredimible, termina una vez más entre rejas porque, cuando descubre que la casa de cambios que está asaltando sólo tiene yenes (moneda que no conoce), pide consejo a los cajeros para que le indiquen dónde robar euros. Ruby, en cambio, es un duro de verdad. Terminó allí con varias cuentas pendientes fuera: lo busca una banda de peligrosos delincuentes para saber dónde escondió un botín que le arrebató a ellos y, a la vez, él quiere fugarse para vengar la muerte de la mujer que amaba, que no es otra que la esposa del jefe de la banda, quien ordenó su asesinato.

Ambos no terminan en la misma celda por azar: así lo dispone el director del presidio cuando llega a la conclusión de que la única persona capaz de quebrar el obstinado mutismo de Ruby es Quentin, cuya personalidad podría sacar de las casillas al mismo San Francisco de Asís. Sin embargo, nada es como lo calculan en la cárcel. Hay una fuga, desde luego, y una sociedad imposible.

Que la película funciona no hay dudas: aun sin alcanzar la misma comicidad de «El placard», film anterior de Veber, «Ruby & Quentin. ¡Dije que te calles» viene provocando, en las funciones previas de preestreno, una temperatura similar de carcajadas. La historia transcurre con fluidez, sin baches ni tropiezos, y realmente es eficaz. Si bien no hay escenas climáticas, de aquellas que se cuentan a la salida, el humor es parejo y constante, con buenos hallazgos.

Muchos de ellos deben agradecérsele a Depardieu, actor realmente colosal tanto en la comedia como en el drama. Jugar al tonto le sale perfecto, y consigue darle más brillo aun a momentos como el de la entrevista con el psiquiatra (André Dussolier). A Jean Reno no le cuesta nada, en cambio, vestir la imperturbable máscara que usó en «El perfecto asesino», sólo que con un marco muy distinto.

M.Z.

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