Salgán: "La orquesta de tango es otra víctima de la crisis"

Espectáculos

Leyenda viviente del tango, Horacio Salgán reanudó un nuevo ciclo de recitales tangueros con Ubaldo De Lío, Néstor Marconi y el Quinteto Real. Asegura que continúa componiendo constantemente, pero que no encuentra espacio para estrenar sus nuevas obras

"Yo sé que puede parecer curioso, y a mucha gente le llama la atención, pero a pesar de que hace 44 años que tocamos juntos, Ubaldo De Lío y yo nunca nos hemos tuteado. Calcule que somos de otra época; de cuando muchos hijos trataban de usted a sus padres". Horacio Salgán, elegante y formal aún para dirigirse a su viejo compañero, y muy vital a los 85 años, acaba de iniciar la novena temporada en los sábados del Club del Vino, con un espectáculo que comparte con Néstor Marconi, De Lío y el Nuevo Quinteto Real.

Al respecto, dice Salgán: «Es una gran satisfacción estar tantos años en una misma casa. Es una fuente de trabajo en estas épocas difíciles que afortunadamente ha podido conservar el espíritu que le imprimió su creador, el lamentablemente desaparecido Cacho Vázquez». El músico se presentó a la charla con este diario munido de una hoja con varios apuntes y sugirió mencionar los elogios que sobre él vertieron figuras ilustres como Osvaldo Tarantino, Aníbal Troilo, Arturo Rubinstein, Lalo Schiffrin o Winton Marsalis.

También pidió la inclusión de anécdotas poco conocidas - que al igual que las referencias mencionadas, figuran en «Curso de Tango», el libro que escribió y editó no hace mucho-, como que él es el inventor de la correa para guitarra que se ha difundido por todo el mundo. Por las dudas cuenta: «Yo, en el año '44 tocaba con el dúo de guitarristas y cantores Martínez-Ledesma en El Tronío. Y cada vez que entraban tenían que traer una silla para apoyar los pies; parecían domadores de leones. Entonces, se me ocurrió lo de ese sostén. Aquí se sigue usando muchísimo pero también lo he visto por televisión usado en los países más lejanos».

Periodista: Tiene el reconocimiento de todos sus pares, ha escrito su libro de tango y ha podido finalmente editarlo, ha tocado en el teatro Colón. ¿Qué fantasía artística le queda por cumplir?


H.S.:
A veces siento un poco de vergüenza cuando escucho los elogios de otros músicos. Tibaudet, el gran pianista, me ha dedicado dos veces sus bises en el Colón; algo que no es habitual en esa sala. Yo mismo he tocado allí. Son todos grandes honores, pero ninguna ha sido mi gran meta. La verdad, lo que más placer me sigue dando es componer, trabajar, estudiar, tratar de tocar bien el piano. En definitiva, no soy más que un modesto escriba que ha podido transmitir humildemente la información que le ha llegado de Dios.

•Complementarios

P.: Algunos hablan de usted y de Astor Piazzolla como los grandes renovadores del tango de mediados del siglo pasado. Sin embargo, no han trabajado juntos ni han tenido mayor relación. ¿A qué se debió?

H.S.:
Simplemente a que cada uno se manifestó de acuerdo a su lenguaje. Somos personas distintas con lenguajes diferentes. No contradictorios como también han dicho algunos, sino complementarios.

P.: A juzgar por el tiempo que lleva trabajando con De Lío, se diría que usted es un hombre fiel.


Horacio Salgán:
Debe de ser porque no estamos casados; porque como me han dicho alguna vez, ésa es la principal causa de divorcio. Hablando en serio, hemos podido estar tanto tiempo juntos porque además de ser un gran guitarrista -en toda la historia de la guitarra en el tango, es el que ha estado siempre más cerca de mi manera de tocar-, es una gran persona. Tampoco es muy común la formación de piano y guitarra. Hace muchos años yo tocaba en un lugar que se llamaba Jamaica y De Lío, que actuaba en otro local, venía a verme. Fue el dueño del Jamaica el que nos propuso tocar juntos; y no se equivocó.

P.: La desaparición de las grandes orquestas en el tango, incluyendo la suya ¿debe adjudicarse solamente a causas económicas?


H.S.:
No le quepa duda. A mí me gusta mucho tocar con formaciones pequeñas, en dúo con Ubaldo, con el Quinteto, pero la orquesta es otra cosa. Hasta es distinto el repertorio que se puede abordar.

P: ¿Cómo es que ha logrado mantenerse alejado de la bohemia tanguera, pese a haber tocado tango toda la vida?


H.S.:
Es una cuestión de personalidad. Yo siempre he preferido la vida más casera. Todo lo que más me gusta hacer: componer, arreglar, estudiar, leer de todos los temas, escuchar todo tipo de música, puedo hacerlo en casa. Yo he tocado mucho en cabarets, de modo que no me ha faltado vida nocturna. Pero, como le digo, prefiero mi casa.

P.:Ya es una rareza que usted haya tenido una sólida formación musical en tiempos en que muchos músicos de tango no la tenían.

H.S.:
Puede ser cierto lo que usted dice. Fíjese que los hermanos Julio y Francisco De Caro, que estudiaban en el conservatorio de música clásica que tenía su padre, tuvieron que irse de la casa cuando el papá se enteró de que también tocaban tango. Pero no tenemos que olvidarnos de que lo que muchos grandes músicos, como Firpo,Arolas, Bardi y tantos otros, no tenían de formación lo tenían de intuición. Porque, además, el medio ambiente colaboraba, había orquestas y cantores para quienes componer, había clima tanguero en todas partes.

P.: ¿Sigue componiendo?

H.S.:
Constantemente.

P.: ¿Y por qué no da a conocer sus composiciones más nuevas?


H.S.:
En parte porque muchas de las cosas que compongo tienen que ver con otros géneros -folklore, música brasileña-, pero además es muy difícil introducir cambios en el repertorio. Hay temas que jamás puedo dejar de tocar: «A fuego lengo», «Canaro en París»..., pero además todos quieren escuchar los tangos de siempre. Entre arreglos y composiciones tengo unos 400 títulos. Algunos van rotando pero no hay espacio para cosas nuevas.

•Cantantes

P.: Habiendo sido un gran impulsor de cantantes ¿por qué no está acompañando actualmente a ninguno?

H.S.:
Porque ya no tengo la orquesta. Es verdad lo de los cantores. Yo tuve la suerte de redescubrir a Edmundo Rivero cuando había dejado de cantar. Lo escuché por radio y quise incorporarlo a mi orquesta. Lo mismo con Roberto Goyeneche. Me lo sugirió un asistente y estuvo conmigo entre el '53 y el '55. Me acuerdo que venía a los ensayos con el colectivo que manejaba por esa época.

P.: ¿Fueron cambiando los arreglos que toca con De Lío o con el Quinteto a través de los años?


H.S.:
No. No he cambiado ni una nota. Inclusive, algunos se equivocan cuando dicen que yo antes tocaba más rápido. Ocurre que algunas grabaciones fueron aceleradas -hasta tienen diferencia de afinación-, pero yo siempre he tocado de la misma manera. Hay arreglos, como los de «Ojos Negros», «Yuyeta» o «La Clavada» que son del año '44.

P.: Por último, sería interesante una opinión suya sobre Carlos Gardel.


H.S.:
No tuve la suerte de conocerlo personalmente ni de escucharlo en vivo. Pero en cuanto a Gardel como artista voy a repetirle unas palabras que dije hace muchos años al Gordo Pichuco y que él compartió conmigo. La influencia de Gardel no está solamente en el tango cantado sino que se extendido a todas las expresiones, inclusive la instrumental. Los fraseos y las líneas melódicas, tal como los concebimos hoy en día, tienen la marca indiscutible de Carlos Gardel.

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