Presentación de «Smile». Jacky Terrasson (piano). Con Sean Smith (contrabajo) y Eric Harland (batería). (La Trastienda, 8/5).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Al compositor y pianista Jacky Terrasson lo caracteriza el eclecticismo, empezando por su mezcla étnica (es alemán, de padre francés y madre norteamericana) y siguiendo por su variada formación: se inició en la música clásica pero desde allí saltó rápidamente al jazz de los Estados Unidos-. Fue acompañante de Casandra Wilson, participó de un quinteto eléctrico, revisionó en jazz temas clásicos de la chanson francesa, tocó a dúo con el vibrafonista Stephon Harris, y recaló final-mente en el trío con batería y contrabajo. Así grabó cuatro álbumes, de los cuales, el más reciente, «Smile», vino a presentar en su debut argentino, que además de la de La Trastienda porteña, incluyó actuaciones en Córdoba, Mar del Plata y Mendoza. Lo del eclecticismo viene a cuento de que quienes lo conocían por su último CD, o quienes habían tenido la oportunidad de escucharlo recientemente en algún otro punto de sus habituales giras, se encontraron en La Trastienda con un Terrasson total-mente distinto. Lejos de la más tradicional presentación y desarrollo de los temas, con los momentos para la improvisación bien determinados, en Buenos Aires pareció mostrar una improvisación permanente. Rondó el «free jazz», en algunos toques dentro del encordado del piano, por ejemplo, pero solamente como un juego; Se adueñó del «latin jazz» pero muy diferente de la manera que usan los caribeños en Nueva York; citó e interpoló temas sin el menor prejuicio, y dejó una enorme sensación de frescura, aunque en muchos casos eso lo llevara a mantenerse en la superficie sin lograr mayor profundidad. El repertorio incluyó una amplia gama, desde el «Bolero» de Ravel -que entremezcló con una base caribeña con su mano izquierda, en lo que fue el momento culminante de su concierto-hasta «Isn't She Lovely» de Stevie Wonder, pasando por «Nardis» de Miles Davis, «Jardim» de Henry Salvador, «Love for Sale» de Cole Porter o el calypso «St. Thomas» de Sonny Rollins. Cualquier música le sirvió para divertirse, interactuar con sus brillantes compañeros (merecen una mención especial las sutilezas tímbricas del baterista Eric Harland), y entusiasmar al público que colmó La Trastienda, aunque los jazzeros más tradicionalistas se sintieran algo decepcionados. R.S. Informate más
Dejá tu comentario