«Rigoletto» ópera de Giuseppe Verdi. Con Gustavo López Manzitti, Luis Gaeta, Laura Rizzo, Juan Barrile, Susana Moncayo y elenco. Esc. y Vest.: Saulo Benavente. Regie: Matías Cambiasso. Ilum.: Mauricio Rinaldi. Dir. Coro: Miguel Martínez. Orq. Estable, director: Bruno D'Astoli. (29/11, Teatro Colón, Abono Noct. Tradic.).
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Puede resultar extraño que un hombre tan sano como Verdi, profundamente arraigado a la tierra y a la naturaleza, no sólo fundamentara sin discusión su fama universal con tres figuras marginales de la sociedad, sino que a través de sus lenguajes se erigiese en maestro de la psicología universal» escribió el analista Kurt Pahlen, y con razón, sobre todo en esta ópera que abre el segundo período del fructífero proceso creador verdiano. También los personajes y sus actuaciones deben obedecer a un definido perfil y moverse en un ámbito apropiado.
En ese sentido, la actual versión de «Rigoletto» es inmejorable; reponer la escenografía y el vestuario de Saulo Benavente fue una feliz idea, y en ella se mueven con naturalidad los personajes obedeciendo a una «regie» de eficaces recursos teatrales y dramá-ticos. La Orquesta Estable respondió a los definidos " gestos del director Bruno D'Astoli, quien a su vez ensambló con precisión la escena con el foso orquestal, mérito que también incluye al Coro masculino. Fogueado en los teatros «underground», con un acceso al gran público por su papel de tenor aprendiz en la obra «Master Class» con Norma Aleandro y en la actualidad suplente en Les Luthiers, el tenor Gustavo López Manzitti accede a un protagónico en el Colón, oportunidad que aprovecha para desplegar su talento, sus cualidades vocales y actorales; su Duque de Mantua no tiene fisuras y es muy aplau-dido.
La interpretación de Gilda por parte de la soprano Laura Rizzo es eficaz, sorprende su exacta afinación y melodismo, virtudes que le permiten dejar un recuerdo trascendente por su aria «Caro Nome», también por «Tutte le feste al tempio» y el trágico final, un valor para tener en cuenta y adjudicarle otros papeles para su cuerda.
El difícil papel central, un bufón obsesionado por una «maledizione», llegó a considerables alturas gracias al profesionalismo de Luis Gaeta, con momentos de auténtica belleza vocal e intensidad actoral. Notable el Sparafucile del bajo Juan Barrile, y sorprendente la ductilidad de Susanna Moncayo así como su exactitud participando del famoso y difícil Cuarteto del último acto. Destacable grado de corrección el resto del elenco, en una evidente disposición a empujar la función hacia el éxito con que fue coronada.
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