Presentación de «Strange Beautiful Music». Actuación de Joe Satriani (guitarras). Con Matt Bissonette (bajo), Jeff Campitelli (batería) y Galen Henson (guitarras rítimicas). (Estadio Luna Park, 1º de abril).
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E n la década del '80, siendo muy joven, Joe Satriani se convirtió en una de las estrellas internacionales de la guitarra. Su enorme virtuosismo, su actitud «moderna» y su apertura musical lo llevaron al panteón de los grandes. No era nada extraño encontrarlo en la tapa de la prestigiosa revista «Guitar Player». Sin duda, se ha ganado con justicia ese lugar.
Ahora, con 45 años, conserva todas sus habilidades técnicas intactas. Es sorprendente verlo moverse con la mano izquierda por la trastiera de su instrumento, o manipular con destreza fuera de lo común la púa o la manija de la guitarra con la mano derecha. Pero ese virtuosismo, que le permite interpretar con la misma soltura pasajes endiablados por la cantidad de notas como simples melodías «cantabile», no tiene siempre una equivalencia en su música.
Lo que toca -sea un blues, un rock and roll, o alguna referencia a la música oriental-se parece mucho entre sí. Las estructuras de los temas circulan casi siempre en un estilo preludiado, con si fueran introducciones a «temas» que rara vez llegan, o como si sirvieran como estudios de guitarra para alumnos muy avanzados.
Esa solidez técnica que es su verdadero mérito aparece también en sus dos compañeros principales, el bajista Matt Bissonette y el excelente baterista Jeff Campitelli -para algunas piezas suma a un guitarrista rítmico, Galen Henson-. De todos modos, su lugar de líder está fuera de toda discusión. Y aunque deja ver las habilidades de sus músicos, es Satriani quien lleva siempre la voz cantante, quien ocupa el centro del escenario, y quien arenga al público -que colmó el Luna Park-con sus virtuosismos y sus saludos.
Joe Satriani volvió a hacer magia con su portentosa técnica en el Luna Park, aunque se reitere un tanto en el estilo. Satriani vino esta vez a Buenos Aires para presentar su más reciente álbum, «Strange Beatiful Music». Sin embargo, sólo tocó unos pocos temas de ese CD. El resto, en casi dos horas de recital y más de veinte títulos, fue un repaso de piezas de distintas épocas.
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