25 de octubre 2004 - 00:00

Se destacan algunas pocas obras en muestra amateur

Durante esta semana se puede ver en el Centro Cultural Borges «Tesoro», una muestra atípica organizada por la artista Fernanda Laguna, directora del espacio alternativo «Belleza y Felicidad». La atipicidad de la muestra está dada, en primer lugar, porque la integran artistas de todas las edades, conocidos y desconocidos; pero, porque como explica Laguna, no todos se dedican al arte con el afán de «hacer una obra destinada a un museo o una galería, sino más bien para disfrutar del placer de su realización». Es decir, ajena a toda pretensión, la calidad no es un condicionante. Se trata de una colectiva que exhibe notables disparidades estéticas, y cuyo mayor atributo es la «felicidad» que depara la producción del arte a sus integrantes.

Pese a que los artistas no van en búsqueda del status del Arte (con mayúscula) como sucede en la generalidad de las muestras (aunque rara vez lo alcanzan), hay obras del «Tesoro» que se destacan por su belleza. Como la tela que pintó Mariela Scafati en Africa, durante una residencia en Mali con artistas nativos y europeos, donde aprendió la vieja técnica del «bogalán», realizada sobre telas de algodón con tierra, cenizas y raíces de bao-bao.

En este nivel figuran los carteles de Javier Barilaro inspirados en la bailantas, los significativos tallos de rosas del escritor Jorge Di Paola, las imágenes fantásticas de Nicolás Domínguez-Nacif, las abstraccionesde Lola Goldstein, la selva en colores restallantes de Florencia Böhtlingk y el dramático collage de vidrios, poemas y pintura roja que simula sangre, realizado por Laguna; además de los estilizados dibujos de Klara Dómini, las pinturas de Agustín Inchausti o la inventiva de Roberto Jacoby, que a partir del término «cool» creó el aumentativo «culísimo», que presenta en sociedad con elegantes tarjetas con diseño y tipografía de primer nivel.

Sin embargo, la mayor atención la acapara un desnudo, una obra realizada con oficio, es más, una obra que denota años de empecinamiento en pulir el oficio. Pero en suma, una obra sin gracia, poesía, misterio, ni talento alguno, que lucía insensible y como muerta en medio de la sala, ostentando con su acabada pátina la patética inutilidad del oficio.

• Marginales

La muestra se inicia con el utópico plano del río Matanza del grupo Des-límites, creador de un plan de recuperación de la estética y el medio ambiente de las tierras adyacentes al Riachuelo. Vale la pena recordar que hace alrededor de ocho años, la curadora de la penúltima Documenta de Kassel, Catherine David, presentó a este grupo en una muestra de urtasbanismo de la Fundación Proa.

David
ganó fama de intransigente en Documenta, cuando seleccionó artistas desconocidos y tuvo que enfrentar presiones de galeristas, curadores, coleccionistas y hasta del ministro de Cultura de Francia, quien le preguntó porqué no incluía franceses. «Si bien en Documenta todo adquiere mayor resonancia y por su notoriedad se pueden plantear preguntas en voz alta que se oyen mejor -señaló entonces David a este diario-, prefiero trabajar en los márgenes, en lugares más tranquilos donde también se pueden hacer cosas».

Toda una señal para los artisajenos al sistema, que durante el triunfalismo argentino de los años noventa no fue debidamente comprendida. Mirando en retrospectiva, resultaba entonces imprescindible que los galeristas, coleccionistas, críticos y operadores culturales, comenzaran a trabajar de modo conjunto para crear estrategias que cimentaran la valoración de los artistas. (Tarea que todavía está pendiente, aunque al menos ahora se habla del asunto).

En la reciente Bienal de San Pablo,
David, que si bien no ha regresado a Buenos Aires sigue de cerca la evolución de nuestro país, dice que ha visto con sorpresa «crecer el arte argentinodesde los márgenes del sistema, y llegar a esa eclosión por un camino muy extraño, a través de la crisis social y económica».

Vale la pena recordar que durante una comida, la operadora cultural Frances Reynolds reunió hace casi una décadaa David con Paulo Herkenhoff, ex curador de la memorable Bienal de San Pablo inspirada en la «Antropofagia», junto a algunos directivos del MoMA y un grupo de coleccionistas y operadores argentinos. Herkenhoff (que hoy dirige el Museo de Bellas Artes de Río de Janeiro) estaba entonces recién nombrado en el MoMA y deslizó un consejo: «Hay que estar preparados, porque casi todos los grandes museos del mundo tienen la intención de mostrar arte latinoamericano». Lo cierto es que en esta última década innumerables argentinos han participado de muestras en el exterior, pero Kuitca continúa siendo el único artista realmente integrado al circuito internacional.

Mientras el arte de los márgenes llega a instituciones como el Borges, el sistema que lo sustenta, tiene aún su asignatura pendiente.

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