25 de octubre 2004 - 00:00
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David ganó fama de intransigente en Documenta, cuando seleccionó artistas desconocidos y tuvo que enfrentar presiones de galeristas, curadores, coleccionistas y hasta del ministro de Cultura de Francia, quien le preguntó porqué no incluía franceses. «Si bien en Documenta todo adquiere mayor resonancia y por su notoriedad se pueden plantear preguntas en voz alta que se oyen mejor -señaló entonces David a este diario-, prefiero trabajar en los márgenes, en lugares más tranquilos donde también se pueden hacer cosas».
Toda una señal para los artisajenos al sistema, que durante el triunfalismo argentino de los años noventa no fue debidamente comprendida. Mirando en retrospectiva, resultaba entonces imprescindible que los galeristas, coleccionistas, críticos y operadores culturales, comenzaran a trabajar de modo conjunto para crear estrategias que cimentaran la valoración de los artistas. (Tarea que todavía está pendiente, aunque al menos ahora se habla del asunto).
En la reciente Bienal de San Pablo, David, que si bien no ha regresado a Buenos Aires sigue de cerca la evolución de nuestro país, dice que ha visto con sorpresa «crecer el arte argentinodesde los márgenes del sistema, y llegar a esa eclosión por un camino muy extraño, a través de la crisis social y económica».
Vale la pena recordar que durante una comida, la operadora cultural Frances Reynolds reunió hace casi una décadaa David con Paulo Herkenhoff, ex curador de la memorable Bienal de San Pablo inspirada en la «Antropofagia», junto a algunos directivos del MoMA y un grupo de coleccionistas y operadores argentinos. Herkenhoff (que hoy dirige el Museo de Bellas Artes de Río de Janeiro) estaba entonces recién nombrado en el MoMA y deslizó un consejo: «Hay que estar preparados, porque casi todos los grandes museos del mundo tienen la intención de mostrar arte latinoamericano». Lo cierto es que en esta última década innumerables argentinos han participado de muestras en el exterior, pero Kuitca continúa siendo el único artista realmente integrado al circuito internacional.
Mientras el arte de los márgenes llega a instituciones como el Borges, el sistema que lo sustenta, tiene aún su asignatura pendiente.



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