16 de septiembre 2003 - 00:00

Soares, con la fuerza del jazz

«Festival Internacional de Buenos Aires». Actuación de Elza Soares. Con José Paulo Becker (guitarra), Marcelo Jeneci (piano, arreglos, dirección), Edson Menezes (bajo), Víctor Motta (flauta, saxos) y Carlos César (batería, percusión). Invitado: Lito Vitale (piano). (Teatro NF/ Ateneo; 12 y 13 de setiembre).


L a música se adueñó a lo grande del escenario del teatro ND/Ateneo. Elza Soares es una artista legendaria. Nacida en una favela de Río de Janeiro hace 65 años, aunque algunos aseguran que fue antes, tuvo una vida difícil. A los 13 años ya era madre y después de grabar su primer disco en 1960 conmovió a la sociedad brasileña por un romance con el futbolista Garrincha -por entonces, un hombre casadocon quien vivió hasta su muerte en 1986.

Soares
residió en Europa y en los Estados Unidos, grabó decenas de discos, y su último álbum -»Do cóccix até o pescoço», que incluye piezas antes inéditas de Chico Buarque, Caetano Veloso y Arnaldo Antunes ha recibido muchísimos premios.

Con todo este bagaje, actuó en Buenos Aires, ciudad que la vio nacer artísticamente, respaldada por una banda excelente y con un repertorio sostenido fundamentalmente en el samba y la bossa nova pero con muchas escapadas hacia el jazz y el free-jazz.

Soares
juega siempre en el límite del desborde. Esa es a la vez su virtud y su riesgo. Así, puede resultar maravillosa en «A carne» (Marcelo Yúca y Seu Jorge) o desbarrancarse cuando abusa del recurso del grito y la expresión descontrolada. Tiene una garganta privilegiada, que le permite exigirla hasta límite extremos sin dañarla ni alterar luego la dulzura de su timbre. Puede improvisar y divertirse en diálogo con sus músicos. Se apropia del escenario como una alegre adolescente y no deja traslucir, ni por su figura ni por sus movimientos, la edad que tiene.

Sus músicos, dirigidos por el pianista Marcelo Jeneci, son sumamente talentosos. Y el concierto tuvo un regalo extra: Lito Vitale subió para acompañarla en un bellísimo tema de Caetano Veloso, «Dor de cotovelo».
R.S.

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