Pablo Milanés (voz, guitarra). Con G. Velazco Urdeliz (saxo, flauta, teclados), C. Núnez G ( teclados; Dir. Mus.), E. Arango Noa (percusión cubana), O. Sánchez Bárzaga (batería), A. Sánchez González (bajo) y D. González Hernández (teclados, violín). Invitados: J.C. Baglietto, P. Aznar, F. Páez y M. Sosa (Luna Park, 6/10.)
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Fueron siete años de ausencia de los escenarios argentinos. Buena parte de ese tiempo, Pablo Milanés -que ha plantado residencia mitad en España y mitad en Cuba, su país-estuvo con serios problemas de salud, hoy ya superados. Aunque con intermitencias, siguió trabajando. Aparecieron algunos discos que se editaron en nuestro país y es abundante la obra aún inédita.
Pero más allá de la enfermedad, que terminó metiéndose en los textos de algunas de sus nuevas canciones, también hay otro Pablo Milanés en lo político. Sin llegar a la crítica frontal ni, mucho menos, a los cuestionamientos públicos, ha tomado alguna distancia de la Revolución cubana de la que fue ferviente publicista; y eso también se está notando en el repertorio.
En lo musical, Milanés se ha renovado poco; apenas algunos cambios, más hacia el jazz y hacia ritmos más marcados, de algunos arreglos. Por eso, aunque con letras que mantienen un buen grado de belleza, su concierto mantuvo un cierto letargo en la primera parte, cuando aparecieron los temas menos conocidos. Por caso, en piezas estreno como, «Otoño», «Jacarandá», una canción todavía sin título, o en algunos de su disco «Días de gloria» de 2002 como «En saco roto», «Exodo», «Nostalgias» o «Días de gloria» -que compartió con Pedro Aznar-se reflejan sus reflexiones sobre la muerte y su nueva visión de la política, y una cierta monotonía sonora.
El show levantó vuelo con la presencia de los temas más clásicos y con los invitados: el citado Aznar, Juan Carlos Baglietto para «El breve espacio en que no estás», Fito Páez para «Sábado corto», Mercedes Sosa desde su asiento en la fila 3 de platea para «Años». Desfilaron entonces títulos como «Mírame bien», «Yolanda», «Para vivir», «Yo no te pido», «Yo pisaré las calles nuevamente» -la única concesión a su pasado más combativo- y «Gracias a la vida» de Violeta Parra. Y todo concluyó bastante más arriba de donde había comenzado.
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