L'ultimanotte di Giordano Bruno». Dir.: R. Sicco y L. Spadaro. Int.: G. Boni, A. Tidonay A. Fazzari. (Teatro Empire.)
Elsabio y filósofo a quien se supone Shakespeare tomó como modelo de su Próspero(el demiurgo de «La tempestad»), fue quemado como castigo de suherejía el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori (Roma), donde en 1899 se leerigió un monumento. Cuatrocientos años después, el 17 de febrero de 2000, laIglesia Católica realizó una ceremonia de arrepentimiento.
Bruno
«Lacoexistencia pacífica de las religiones fundada sobre la única regla delentendimiento mutuo y la libertad recíproca de opinión»
Orgullosoante sus detractores, a los que enfrentó hasta la última chispa de su vida, adiferencia de Galileo, a quien conoció, Bruno era humilde ante lagrandeza de la creación. «A la proporción, semejanza, unión e identidad delinfinito, no te acercas más siendo hombre que siendo hormiga», sostuvo.
ComoEckhart, quien fue condenado por herejía después de su muerte, Bruno defendíasu derecho a la libertad de pensamiento y como los científicos actuales,encaraba la aventura del conocimiento, basándose en «el principio deincertidumbre».
Resultafascinante seguir en escena el desarrollo de sus pensamientos, a través de unaobra que apela a la inteligencia y despierta el deseo de acercarse a él. El AssembleaTeatro de Turín presentó (lamentablemente en dos únicas funciones) «L'ultimanotte di Giordano Bruno», con textos extraídos de sus libros y de las actasde su juicio. Renzi Sicco y Lino Spadaro construyeron un sobriodiálogo entre el inquisidor y el sabio, quien sólo reconoce la excelencia deDios, ubicando la escena en el calabozo subterráneo en el que estuvo añosencerrado.
GiovanniBoni compone alsabio de modo casi coloquial, despojándolo de toda actitud declamatoria yotorgándole humanidad. El espectáculo apela directamente a la inteligencia ydevuelve al teatro su dignidad de herramienta al servicio del crecimientoespiritual.


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