26 de julio 2009 - 19:37

«Sonrisas y lágrimas»

Los notables Margherita Buy y Antonio Albanese protagonizan un film construido por Soldini con las situaciones que suele transitar cualquier pareja en similares circunstancias.
Los notables Margherita Buy y Antonio Albanese protagonizan un film construido por Soldini con las situaciones que suele transitar cualquier pareja en similares circunstancias.
«Sonrisas y lágrimas» (Giorni e nuvole, Italia-Suiza, 2007, habl. en italiano). Dir.: S. Soldini. Guión: F. Pontremoli, D. Leondeff, F. Piccolo, S. Soldini. Int.: M. Buy, A. Albanese, G. Battiston, A. Rohrwacher, A. Ninchi, A. Francini, C. Signoris.

Admirable retrato de una pareja en crisis

Acá conocemos a Silvio Soldini por su comedia romántica «Pan y tulipanes», una delicia mayormente ambientada en Venecia, sobre el Mar Adriático. Lo que ahora vemos, en cambio, transcurre en Génova, el mar es otro, es el gris Tirreno, y el asunto y el tono son también otros, aunque coincidan en la pintura de mujeres decididas (y un poquito adúlteras), hombres desconcertados y depresivos, y finales felices, dentro de lo que cabe.

Conviene anticipar lo de final feliz. También tiene un comienzo feliz, con el momento en que una linda señora culmina sus estudios de historia del arte, y el marido le organiza el debido festejo. La macana es que al otro día el marido no va al trabajo. No quiso decirle antes, para que ella termine bien sus estudios, pero hace dos meses que no trabaja. Lo echaron sus propios socios, por discrepancias en materia de reorganización y eficiencia. Suele ocurrir. Seguramente el lector conoce una historia parecida, de modo que no corresponde entrar en detalles. Tampoco Soldini entra en detalles. Le basta con exponer ocasionales instantes (lo que algunos llaman «fragmentación de la línea narrativa») de tantas situaciones, o diríamos escalones, que suele transitar cualquier pareja en similares circunstancias, tanto en materia de afectos, amistades, y adaptación a nuevas labores y profesiones, como en esa molesta cuestión del dinero, el nivel de vida, el respeto ajeno y la autoridad. Deplorable, el paulatino encierro del hombre en sí mismo. Loables, el agradecimiento de dos ex empleados que lo incorporan como jefe de ellos en ciertos rebusques, la buena voluntad de la hija supuestamente díscola y su pareja, la capacidad de la mujer para resignar lo que estaba haciendo por pura vocación y conseguir no uno sino dos trabajos, el breve paseo del hombre y su anciano padre al acuario, para ver algo más grande que una pecera, y el momento en que la pareja ve, también, algo más grande que su pequeño infierno, algo que justifica y hace hermosa la vida.

Tirados en el suelo, ven el resultado de aquello que la mujer había expuesto al comienzo como tesis, y estaba haciendo por vocación: el rescate de una pintura del Quattrocento, largos siglos oculta en el cielorraso de una capilla, acaso una Anunciación, una Madonna con pájaros que cantan la buena nueva, pintada por un autor casi olvidado, que ahora vuelve a la luz junto a su obra, un tal Boniforte, nombre alegórico, sin dudas, nombre de lindas resonancias. Nada se subraya, nada se recita, nadie pierde el tiempo acusando al sistema ni al gobierno, nada de eso. Ésta es una historia de una pareja en crisis, como tantas en éstos y otros tiempos, y es también la pintura de un posible «comenzar de nuevo» en mitad de la vida. Bueno el tono de Soldini, notables los intérpretes, Margherita Buy, que va madurando con bella elegancia, y Antonio Albanese, que empezó de cómico y hoy se luce como dramático.

Renglón aparte, la fotografía de Ramiro Civita, un argentino que ahora mira las cosas a orillas de otros mares. Título original, «Giorni e nuvole», días y nubes. Título local, «Sonrisas y lágrimas», casi como aquel «Risas y lágrimas» con que hace añares alguien estrenó aquí el «PetenTillie» de Julius Epstein, que también es la historia de una pareja en crisis, pero es otra historia.

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