10 de agosto 2001 - 00:00
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Moreno Veloso.
M.V.: Hace unos años, Carlos Bar-mark, un amigo de San Pablo que es director del museo de arte moderno, me pidió que tocara allí. En esa época no tenía mi propia banda ni muchas ideas para presentar. Fue así que llamé a mis amigos Igualmente, me sigo sintiendo más un intérprete que un compositor.
P.: ¿De dónde viene el título?
M.V.: El título surgió de una anécdota de Tom Jobim. En un viaje, llegaba a Brasil desde los Estados Unidos con una computadora; por esa época no era algo muy común. Y cuando le preguntaron qué era, contestó que era una máquina de escribir música. Finalmente, aunque Jobim jamás lo hubiera imaginado en ese momento, el desarrollo de la música tuvo mucho que ver con las computadoras; y este disco de algún modo lo refleja. El disco es, precisamente, una mezcla de bossa nova, samba, música experimental, sonidos electrónicos y una indudable influencia de Caetano.
Y es natural que así sea. El padre de Domenico es un conocido compositor de sambas, el de Alexandre es un músico experimental, y de mi padre todos tienen referencias. Tanto yo como mis compañeros vivimos en Brasil desde pequeños y, por lo tanto, estamos absolutamente familiarizados con el samba y la bossa nova. Pero también, por una cuestión generacional, hemos estado relacionados desde muy jóvenes con las computadoras, con la música electrónica, con el experimentalismo, con las máquinas de ritmo, con la programación; hoy todos los discos se trabajan con una computadora, se digitalizan, se filtran con equipos electrónicos.
Estamos un poco en el medio de todo eso y la mezcla nos sale naturalmente. Esto no quiere decir, como quieren hacer creer algunos publicistas, que yo represente la «Tropicalía» del año 2000. Yo solamente trato de tener un trabajo agradable tocando mi propia música; de hacer aquello que me pare-ce bueno. Hace 40 años, el gran Luiz Gonzaga dijo que en el año 2000 la gente volvería a oír y bailar forró. Y no se equivocó, lo que quiere decir que estamos volviendo a las fuentes, a la sencillez. Y eso no se contradice para nada con el uso de la electrónica; quizás todo lo contrario.
Blancanieves
P.: ¿Y en ese marco de influencias familiares cómo entra un «cover» de un tema de la película «Blancanieves»?
M.V.: Unos años atrás, estábamos viendo la película con Daniel Jobim, nieto de Tom. Y quedamos absolutamente seducidos por las canciones. Corresponde a un período muy rico para la canción norteamericana. La canción que grabé en inglés y en portugués -«I'm wishing»-, que es la primera de la película, tiene una particularidad. Es de una sencillez increíble; sólo usa tres notas hasta el final, donde aparece una cuarta. Eso nos shockeó tanto a Daniel y a mí que estuvimos entonando esa melodía por varios días.
P.: ¿Cómo se lleva a un concierto en vivo un disco como éste?
M.V.: Por supuesto, usamos instrumentos acústicos. Pero también, batería electrónica, samplers, efectos; aunque todo se hace en el momento, no llevamos nada previamente grabado.




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