22 de abril 2002 - 00:00

Speroni y Capello brindan lecciones de supervivencia

Catalina Speroni y Lucrecia Capello
Catalina Speroni y Lucrecia Capello
Catalina Speroni y Lucrecia Capello son las protagonistas de «Retazos», pieza de Beatriz Mosquera que acaba de estrenarse en El Ombligo de la Luna (Anchorena 364), marcando el debut como directora de la actriz Patricia Palmer. Ambas intérpretes cuentan con una valiosa trayectoria teatral.

Cabe recordar que en los últimos años Catalina Speroni ofreció una magnífica labor en «Bar Ada» de Jorge Leyes -estrenada en el Teatro San Martín con dirección de Daniel Marcove-y en la pieza de Griselda Gambaro «De profesión maternal», con dirección de Laura Yusem. Lucrecia Capello, por su parte, sobresalió en dos comedias: la versión de «Esperando la carroza» que dirigió José María Paolantonio hace un par de años, y «Corpiñeras», donde hizo una divertida dupla con Claudia Lapacó dirigidas por Helena Tritek. «Retazos» narra la amistad entre dos humildes trabajadoras, que demuestran ser capaces de sobrevivir a las crisis económicas y a los conflictos familiares con una entereza poco común para los tiempos que corren.

•Emprendimiento

Periodista: Las protagonistas de la obra dejan de ser pobres gracias a un exitoso microemprendimiento ¿No es algo poco creíble para la Argentina de hoy?

Lucrecia Capello:
Es que no se trata de una obra realista o que responda a una marca temporal precisa. La autora nos contó que a ella se le ocurrió escribir esta obra en sus frecuentes viajes a Moreno. Viajando en el tren Sarmiento descubrió a un hombre que vendía delantales, servilletas y otras cositas hechas con retazos de tela. Más tarde vio que había otra gente vendiendo con él, entre ellos algunos chicos. La autora no supo que pasó con él después, pero de alguna manera lo vio progresar haciendo eso. «Retazos» se apoya mucho en la amistad de estas dos mujeres, pero en el medio aparece el tema del trabajo, la desocupación y el hambre.

P.: En la obra, esa amistad funciona como el más duradero de los afectos.


L.C.:
Así parece, pero la historia abarca más que la vida de ellas, porque en realidad habla de los afectos, los miedos y los sueños. Cualquier persona puede identificarse con lo que les pasa a ellas. El personaje de Adela, que hace Catalina Speroni, se preocupa por estudiar y es mucho más introvertida.

En cambio Rosa, el personaje que hago yo, es la desprotegida de la relación. Es inmadura, algo frívola y también muy visceral. Todo lo entiende a través del cuerpo. Si hay algo que repite siempre es la palabra disfrutar. Va más rápido que Adela, es casi un animalito que se aferra a lo que tiene. Y si no quiere mirar atrás, ni escuchar ciertas advertencias de su amiga, es porque le tiene terror a la miseria y al hambre que sufrió alguna vez.

Para mí fue todo un trabajo componer este personaje, ya que Patricia Palmer me pidió que no utilizara mi voz de actriz de teatro clásico y que me olvidara de los tonos graves de voz. No fue fácil tener que hablar comiéndome las eses. (se ríe)

P.: Pero más allá de los contrastes, las amigas parecen funcionar como figuras complementarias.


Catalina Speroni:
Sí, son las dos caras de una misma moneda y entre ambas alimentan un vínculo de amistad muy profundo en el que pasan muchos años y muchas cosas. Hasta ahora lo que vi en Adela fue inocencia y pureza de espíritu. En un momento se confunde por influencia de su marido (un personaje de manejos algo turbios), pero logra volver a sus convicciones y empezar de nuevo.

P.: Su personaje desprecia el dinero y se burla del consumismo de su amiga y de su inclinación por las cirugías estéticas. Es como si todas esas prácticas le resultaran demasiado frívolas y decadentes.


C.S.:
En cierta manera, es así. Adela defiende sueños y valores que hoy parecen haberse perdido, como por ejemplo, la necesidad de ser honesto tanto en el plano laboral como afectivo. Extraña el ambiente de barrio que era tan especial, como eso de prestarse el azúcar o confiarle los hijos a los vecinos. Eso que ya no existe y que a todos nos da nostalgia es lo que Adela intenta recuperar. La directora quiso concentrar la obra en los vínculos afectivo -y en esto coincidimos totalmente con ella-porque es de lo único que nos podemos agarrar hoy para seguir viviendo.

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