22 de abril 2002 - 00:00
Speroni y Capello brindan lecciones de supervivencia
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Catalina Speroni y Lucrecia Capello
•Emprendimiento
Lucrecia Capello: Es que no se trata de una obra realista o que responda a una marca temporal precisa. La autora nos contó que a ella se le ocurrió escribir esta obra en sus frecuentes viajes a Moreno. Viajando en el tren Sarmiento descubrió a un hombre que vendía delantales, servilletas y otras cositas hechas con retazos de tela. Más tarde vio que había otra gente vendiendo con él, entre ellos algunos chicos. La autora no supo que pasó con él después, pero de alguna manera lo vio progresar haciendo eso. «Retazos» se apoya mucho en la amistad de estas dos mujeres, pero en el medio aparece el tema del trabajo, la desocupación y el hambre.
P.: En la obra, esa amistad funciona como el más duradero de los afectos.
L.C.: Así parece, pero la historia abarca más que la vida de ellas, porque en realidad habla de los afectos, los miedos y los sueños. Cualquier persona puede identificarse con lo que les pasa a ellas. El personaje de Adela, que hace Catalina Speroni, se preocupa por estudiar y es mucho más introvertida.
P.: Pero más allá de los contrastes, las amigas parecen funcionar como figuras complementarias.
Catalina Speroni: Sí, son las dos caras de una misma moneda y entre ambas alimentan un vínculo de amistad muy profundo en el que pasan muchos años y muchas cosas. Hasta ahora lo que vi en Adela fue inocencia y pureza de espíritu. En un momento se confunde por influencia de su marido (un personaje de manejos algo turbios), pero logra volver a sus convicciones y empezar de nuevo.
P.: Su personaje desprecia el dinero y se burla del consumismo de su amiga y de su inclinación por las cirugías estéticas. Es como si todas esas prácticas le resultaran demasiado frívolas y decadentes.
C.S.: En cierta manera, es así. Adela defiende sueños y valores que hoy parecen haberse perdido, como por ejemplo, la necesidad de ser honesto tanto en el plano laboral como afectivo. Extraña el ambiente de barrio que era tan especial, como eso de prestarse el azúcar o confiarle los hijos a los vecinos. Eso que ya no existe y que a todos nos da nostalgia es lo que Adela intenta recuperar. La directora quiso concentrar la obra en los vínculos afectivo -y en esto coincidimos totalmente con ella-porque es de lo único que nos podemos agarrar hoy para seguir viviendo.




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