11 de diciembre 2000 - 00:00

Steve Vai, más que músico, un asombroso malabarista.

La estética kitsch de Vai.
La estética kitsch de Vai.
«The Ultra Zone Tour». Actuación de Steve Vai (guitarras, voz). Con P. Bynoe (bajos, teclado), Ch. Frazier (batería), E. Goldberg (teclados) y D. Weiner (guitarra rítmica). (Teatro Gran Rex, 8 al 10/12.)


(12-12-00) Steve Vai podría participar, seguramente con mucho éxito, de cualquier publicidad de guitarras eléctricas, porque muy pocos, como él, son capaces de exhibir un muestrario tan amplio de lo que se puede hacer con ese instrumento en sus distintas variantes.

Discípulo de Joe Satriani y Frank Zappa, y ex músico de David Lee Roth, Alcatraz,Whitesnake y Alice Cooper, Vai aprendió toda la técnica posible y puede hacer lo que se le antoje con sus dedos o con la manija, y explotar al máximo los recursos tecnológicos de las guitarras.

Pero, en rigor, habría que describirlo más como un gran intérprete que como un guitarrista. Porque de lo que, en cambio, se acuerda muy poco este virtuoso es de la música. En estos larguísimos conciertos, que forman parte de la sección latinoa-
mericana de su gira
«The Ultra Zone», presentó el material de su más reciente disco «The 7th Song» y repasó varios de los temas de sus seis álbumes anteriores. Más cercano al rock & roll clásico -la mayor parte del tiempo-o a la balada, con la que se hace más interesante, su música carece en general de sorpresa.

Cuatro tiempos marcados por la también pirotécnica batería de Chris Frazier y por el bajo del histriónico Philip Bynoe dan marco a pequeñas melodías que sólo sirven como excusa para el lucimiento malabarístico del líder. Vai propone un espectáculo antes que un recital; aunque su estética kitsch no deja tampoco mucho lugar para la sorpresa.

Cambia de ropas, siempre muy coloridas y despampanantes, muchas veces a lo largo del show. Usa varias guitarras y en algún caso, hasta apela a un instrumento brillante también lleno de colores. Juega con las luces y hasta se coloca lamparitas en la cabeza, las manos o el mango de la guitarra para reforzar los efectos visuales. Y su bajista contribuye a esa estética de kermesse con un instrumento mitad bajo mitad teclado que aporta poco desde lo sonoro, pero mucho desde lo visual.

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