16 de agosto 2001 - 00:00

Tan delirante que entretiene

Swordfish
"Swordfish"
«Swordfish-Acceso autorizado» (Estados Unidos, 2001, hablada en inglés) Dir.: Dominic Sena. Int.: John Travolta, Hugh Jackman, Hale Berry, Don Cheadle, Sam Shepard.

Aunque se promociona como un policial sobre delitos informáticos, esta película parte de esa premisa para ir cambiando de dirección hacia la súper acción al mejor estilo Joel Silver (productor de «Duro de matar» y tantas megaproducciones por el estilo). Lo bueno es que el resultado es entretenido, vertiginoso y hasta sorprendente, ya que no se detiene ante ningún delirio argumental al momento de intensificar el suspenso y la violencia.

Por otro lado, sus progresivos detalles inverosímiles arruinan la posibilidad de hacer un film medianamente riguroso sobre un tema que hasta el momento no ha sido bien aprovechado en el cine -sobre todo luego de que la tragicomedia cibernética «Hackers» fracasó miserablemente en la taquilla americana de mediados de los '90-. Da la sensación que el delito informático es uno de esos temas que ningún productor hollywoodense se anima a ofrecerle al público en forma directa.

Por eso las computadoras de «Swordfish» parecen extraterrestres, los hackers son héroes y los villanos cometen sus fechorías no en la Web sino en el mundo real, si es posible con ruidosas ametralladoras tipo Rambo. A Travolta le tocó componer al típico villano de siempre, y en cambio el X Men, Hugh Jackman, es el que amaga con personificar a un nuevo tipo de héroe, algo imposible debido a las limitaciones del guión. El hacker estelar es un mártir, que sólo infiltra un sistema ajeno para volver a ver a su pobre hijita, víctima de un padrastro pornógrafo y una madre viciosa.

Esta absurda descripción del mundo de los crímenes de la era virtual es tan insostenible que el argumento no demora en olvidarla por completo, mutando hacia las anticuadas pero siempre bienvenidas explosiones, tiroteos y persecuciones automovilísticas del cine de la época en la que nadie sabía qué era un e-mail.

A diferencia de su anterior «60 segundos», el director Dominic Sena no abusó de los efectos digitales: tanto los choques y explosiones como los desnudos de la bellísima Halle Berry ayudan a superar la ensalada argumental, el mensaje confuso y hasta el ridículo diseño futurista de las computadoras de juguete con las que Travolta quiere dominar el mundo.

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