1 de agosto 2001 - 00:00

Tan efímero como sugiere el título

Smoke.
"Smoke".
La apertura de un nuevo espacio dedicado a espectáculos de café concert con el estreno de un show, con idea y dirección general de Aníbal Pachano (creador de «Bottom Tap»), despertó expectativas. Con «Smoke» sólo algunas de ellas se cumplieron.

El lugar, ubicado en el sótano de un restorán típico del barrio de San Telmo, tiene intimidad y atmósfera pero le falta comodidad. Ruegue que no le toque una columna pues verá el espectáculo dividido en dos. En cuanto a «Smoke» propiamente dicho, transita sin demasiadas novedades por los caminos habituales que recorre el music hall vernáculo: una serie de pequeños cuadros concatenados -veintisiete para ser más exactos-que combinan en dosis parecidas el baile y el canto en una mezcla de comedia musical (hay varios números tomados de «Cabaret» de Bob Fosse), el bolero, el tap y el tango.

Lo mejor está en lo visual, ya que la hábil combinación de texturas y colores del vestuario, la riqueza de los accesorios y la sagacidad de las luces magnificadas siempre por el efecto del show casi su justificación.

La coreografía de Lefevre-Lavallen no es muy original que digamos. Lo que tradicionalmente era audacia y «transgresión», ahora aparece como un recurso de marketing, sin más. En la compañía todos bailan, se exhiben generosamente y algunos cantan con diversa suerte. Los momentos humorísticos están casi exclusivamente a cargo de un transformista (Omar Galicchio) que explota su gordura, no siempre con el buen gusto que en otros aspectos luce el show.

Hacia el final, Pachano arenga a los espectadores -como había hecho en «Tangou», su espectáculo anterior-contando cosas de su vida y citando una larga lista de sponsors. Totalmente innecesario. Como pocas veces, el título define certeramente el show. Todo se desvanece como el humo cuando se deja el local.

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