“La traducción”: un estreno imperdible

Espectáculos

Durante casi una década Matías Feldman se dedicó a investigar la percepción, los modelos de representación, los procedimientos y el lenguaje, a partir de su primera “prueba”, “El espectador”, seguida por “La desintegración”, “Las convenciones”, “El tiempo”, “El ritmo”, “La rima” y “El hipervínculo”. En su última prueba que se presenta a sala llena en el Teatro Cervantes y será, según cree, la final, se ocupa de “La traducción”.

Con un engranaje perfecto de escenas que reflexionan sobre la construcción de sentido, no sólo en torno al idioma sino a los acontecimientos, Feldman abarca los gestos, las expresiones, las palabras y sus variantes según donde se ponga el punto, y hasta los emojis. Lo que puede parecer a priori un ejercicio de estilo intelectual se convierte en un festín de pura teatralidad y goce para un espectador al que se invita tanto a la carcajada como a la reflexión.

Con su compañía Buenos Aires Escénica y esta vez junto con Piel de Lava, Feldman explora de manera exhaustiva lo que comienza en el texto y se apoya en virtuosos actores que sortean las pruebas que provocan curiosidad y asombro en torno a la crisis de representación y las ideologías que parecen ancladas en el pasado. Con tres horas de duración que fluyen porque mantienen a la platea atenta en una puesta que es un mecanismo de relojería, los intérpretes se superponen unos con otros y de esa yuxtaposición surgen nuevas capas de sentido conforme se repiten secuencias. El diseño escenográfico es propio de estos tiempos, con estructuras que los actores arman y desarman, rectángulos móviles como cabinas, objetos del pasado, mucho mate y teléfono con cable, luces de neón, una pantalla en alto para proyectar imágenes del escenario, otras de archivo y dos intervenciones desopilantes de Pilar Gamboa como la revolucionaria que sigue al Che.

Feldman concibe la traducción anclada en un contexto y época, determinantes a la hora de traducir. Resulta hilarante el discurso político de un líder y la traductora transformándolo acorde a su postura ideológica. O el simbolismo del lenguaje corporal y gestual, coronado con humor sutil que en ocasiones culmina de manera desaforada. A destacar, el exigente trabajo vocal y corporal. Los actores encuentran un terreno fértil para el lucimiento a partir del juego, ya que prueban la misma escena con tonalidades e intenciones. Prueban hasta marearse y emergen cuestiones que en una primera pasada no se veían.

Acaso esa superposición pueda resultar por momentos abrumadora, pero no por eso pretenciosa. Todo lo contrario, se agradecen propuestas tan exhaustivas en una sala oficial. Con ecos a Wes Anderson hasta en la paleta de color de la escenografía y vestuario, siguiendo la estética de los 70 como correlato en la historia: gira en torno a unas jóvenes alemanas de finales de los 60, de la burguesía industrial, que devienen en revolucionarias, inspiradas en las luchas del Che. Y en ese sentido resuena Pasolini y su visión del Mayo francés, ¨niños ricos peleando con sus padres¨. También la noción de que en toda imagen están todos los tiempos al mismo tiempo, con un pasado que se reactualiza y se reimprime en cada gesto. Todos los tiempos, el tiempo.

“La traducción”, Aut. y dir.: M. Feldman. Int.: M. De Marco, V. Correa, J. Isola, (Teatro Cervantes).

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