30 de agosto 2004 - 00:00

Tiene algunas perlas compendio de cortos

«Historias breves IV» (Argentina, 2004, habl. en español). Dir.: L. Núñez de Arco, C.J. Gómez Montero, P. Venditti & J. Hofman, P.G. Pérez, y otros. Int.: L. Cruz, R. Serrano, J. M. Tenuta y otros.

Con mayoría de historias rodadas en el interior, abundantes en misterio, muertes turbias, pueblos malditos, y risueños progresos científicos que poco y nada ayudan al sufrido argentino, apareció el grupo de diez cortometrajes «Historias breves IV». Ya deberíamos ir por la décima edición, pero, en fin, así somos, y más vale celebrar lo que tenemos.

El nivel es, en líneas generales, bastante bueno, sobre todo en sus costados técnicoexpresivos. Admirables, por ejemplo, la fotografía de «Epitafio», de Cecilia Urlich, o la mezcla de sonidos de «,Infierno grande» (así, con coma adelante), de paula venditti + jonathan hofman (tal como piden ser mencionados, en minúscula y con el signo de adición), notable trabajo que además luce una forma de relato bien original y absorbente, aunque quizá demasiado esteticista.

No tan admirable es, en cambio, el nivel de dirección de actores. Ni el sentido del tempo, ya que casi todos los cortos están un poco largos. Igual, ninguno es malo, y por lo menos tres son realmente deliciosos.

Uno, es el divertido «Te llevo en la sangre», de Pablo G. Pérez, donde una familia fanática de Chacarita se ve dividida por culpa del ANAF (análisis del factor de adhesión futbolística), que descubre que uno de sus miembros es de Atlanta, nada menos. Otro, «El señor de los pájaros», de Gómez Montero, un cuento naif de misterio para todas las edades, ambientado en plena laguna de Iberá, territorio del mítico Pombero. Y el otro, «Más quel mundo» (así como suena), de Lautaro Núñez de Arco, un casi poema, casi sin palabras, y (sin casi) limpiamente emotivo, sobre el amor de un paisano por su perro.

Dicho sea de paso, en la premiere en el Gaumont estuvo el susodicho perro, que fue largamente aplaudido por el público. No firmó autógrafos, pero dio varios ladridos de afecto. Suerte que no fueron también los patos, conejos, chajás y yacarés de otras dos películas.

Dejá tu comentario

Te puede interesar