«Patito feo». Espectáculo de El Descueve. Dir.: M. Bonard y A. Frenkel. Mús.: D. Vainer. Ilum.: G. Córdova. Vest.: C. Alassia. Escenog.: A. Negrín (Teatro Sarmiento.)
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Para acercarse a un grupo como «El Descueve» es necesario despojarse de todo preconcepto sobre la danza, o mejor dicho, sobre el arte en movimiento. Los parámetros habituales no son válidos. Lo mejor es dejarse llevar por esta suerte de ceremonial surrealista y a la vez posmoderno para encontrar las claves ocultas de un espectáculo que exige tanto voluntad de participación como conocimiento de la estética y la ideología que definen al conjunto.
El último espectáculo de El Descueve, «Patito feo», inspirado en Hans Christian Andersen, tiene un modo de expresión de peculiar hermetismo, que sutilmente el espectador va descubriendo una vez atravesada una cáscara rugosa y agresiva, para participar en un juego de la conciencia en que lo aparente no es siempre lo profundo ni lo verdadero.
En los agradecimientos del programa de mano, los integrantes de El Descueve citan a Luis Buñuel y quizás ahí haya una clave para entender esta manera de encarar el hecho artístico. Por eso, una vez más, como en «Hermosura» (el espectáculo anterior) tanto el sexo, como los afectos o la violencia se desbordan o no llegan nunca a concretarse por una carencia enfermiza en la posibilidad de comunicación. Como en «El perro andaluz» de Buñuel-Dalí, en un hábitat de paredes descarnadas, se suceden una serie de secuencias sin aparente relación. La sumisión, los objetos de consumo, la crueldad del manejo del poder, la guerra sexual y la iconografía romántica de registro convencional, estereotipado (cielos estrellados, nieve que cae) o la actitud flotante de quien ingresa a un mundo acuoso se evidencian con claridad meridiana marcando un comportamiento social que se dirige hacia el caos.
La sincronizada dirección conjunta de Mayra Bonard y Ana Frenkel logra un espectáculo que tiene en ellas mismas, junto a Gabriela Barberio, Carlos Casella, Leticia Mazur, Daniel Cuparo y Juan Minujín, una dinámica avasallante y una serie de cuadros coreográficos de impecable realización. A ello se une una preparación dramática sutil y de recursos de acre ironía. Toda la estética de «Patito feo» es la de El Descueve: vestuarios, escenografía, luces y música se amalgaman para crear un universo inquietante, iconoclasta, cruel, sensual y urticante.
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