Un policial seco, duro y original

Espectáculos

«Narc. Calles peligrosas» («Narc», EE.UU., 2002; habl. en inglés). Dir.: J. Carnahan. Int.: J. Patric, R. Liotta, C. McBride, K. Bridges y otros.

A veces, las más modernas técnicas de sonido digital envolvente no son sólo una fanfarronería de los laboratoristas del Dolby. En la escena inicial de este policial seco, duro y sorprendente, los cartuchos de las balas que dispara el oficial Nic Tellis (Jason Patric) golpean contra el pavimento con un realismo insoportable. No es sólo la respiración agitada, la corrida, la nerviosa cámara en mano en la madrugada de Detroit, la víctima inocente (una criatura aún no nacida, en el vientre de la madre): es ese sonido metálico angustiante, agudo, el que pone al espectador en medio del tiroteo.

«Narc»
está en marcha con un prólogo que funciona como una cachetada: el estilo Carnahan, que intenta y logra las más veces despojarse de convenciones y clichés, contribuye como pocos a reformular un género gastado, tantas veces recorrido, como el de la pareja de policías que se desconfían y sospechan mutuamente. Proeza no menor de la puesta en escena: hacernos sentir que estamos viendo una historia original.

Tellis, por las consecuencias de esa imprudente acción inicial, había sido exonerado de las fuerzas de seguridad. Un año y medio después, su superior lo convoca para darle otra chance: hace falta reabrir el irresuelto caso de un policía muerto por narcotraficantes, y para ello le asignan como compañero al violento veterano Henry Oak (Ray Liotta, en uno de sus mejores trabajos).

Tellis tiene fundados indicios para sospechar algún tipo de implicación de Oak en el episodio, y con esa carga a cuestas, más la culpa que arrastra por su pasado y los temores de poner en riesgo su actual paz familiar, inicia las pesquisas. En su juego a dos puntas, donde tampoco falta un interesado trasfondo político que se revela desde un primer momento, la trama se va deshojando poco a poco: no importa tanto, llegados a ese punto, cuán previsible pueda ser el desenlace, como la capacidad que tiene el film de interesar en la lógica de esa conclusión y en las conductas de los personajes.

«Narc»
es un film moderno en el mejor sentido de la expresión, una película que se carga implacablemente los lastres comunes del género y que se prueba en la tarea de seguir reinventando un lenguaje para el policial.

M.Z.

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