6 de febrero 2004 - 00:00

Un show flamenco diferente

Un show flamenco diferente
«Ay de mí» (Cabaret flamenco). Dir. Esc.: E. Halac. Coreog.: C. Arias y L. Di Prinzio. Dir. Mus.: H. Corral (La Trastienda.)

U n acercamiento superficial al nuevo espectáculo de cultura flamenca mezclada con otras formas folklóricas como el tango y la danza centroamericana titulado «Ay de mí» lo haría ver como un show repetido cuyo centro de atención es el cante y el baile gitano-andaluz puesto en manos de un grupo de artistas argentinos muchas veces visto en los escenarios dedicados al género.

La incuestionable excelencia de Claudio Arias, de Lorena di Prinzio y Javier Rodríguez junto a un eficaz equipo de bailarines, la no menos efectiva performance de Basilio Cádiz en el cante y buenos músicos en el toque (algunos de ellos reiteradamente elogiados) hubiera permitido la realización de un show flamenco de eficacia comprobada, aunque sin sobresaltos. Por lo que la novedad de «Ay de mí» radica en la intervención (como nunca es justo el término) de la directora Eva Halac, quien escribió el guión, colaboró en las coreografías, puso en escena y dirigió el espectáculo como un todo coherente.

Ambientado en una estación ferroviaria por cuya confitería pasa una auténtica fauna humana, el ir y venir de parroquianos configura un fluir de caracteres antagónicos y a veces, complementarios. La estructura del show contempla una serie de secuencias , muchas de ellas de tinte almodovariano como «Boda», «Valentino» y «Funeral» en las que el cambio de roles actoral, la energía del baile, el exotismo del vestuario (de Héctor Luengo) y la inquietante puesta de luces de Halac con Federico Bove producen regocijo en el espectador.

Basilio Cádiz
canta con particular timbre y con dominio de los melismas flamencos no sólo en el tradicional «La bien pagá» sino también en una personalísima interpretación de «Nieblas del Riachuelo», de Cobián y Cadícamo. El eterno deambular del gentío con su nostalgia, alegría, religiosidad y sus singularidades, en suma, ha sido captado por Eva Halac con acre sentido crítico, lo que no ha impedido deslizar sobre sus personajes una mirada casi conmiserativa.

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