Tratándose de un té, en el salón Marie Antoinette del Hotel Alvear, convocado por Coco Chanel (imperativa desde el más allá como lo fue en vida) y al que sólo habían sido convocadas mujeres, es fácil inferir que la elegancia y la belleza prevalecerían.
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Y así fue. Cuando hizo su entrada una delgadísima y refinada Esther Goris, -sin rastro alguno de Eva Perón o Agatha Galiffi, sus heroínas anteriores-, ya se habían ubicado en una mesa de honor Teté Coustarot, Teresa Calandra, Lucía Galán, Evelyn Scheidl y Patricia Bordeu. Un poco más allá conversaban con el mismo recato la diseñadora Gabriela de Fernández y sus asesoras Valeria Ambrosio y Felisa Pintos.
La atípica conferencia de prensa fue el preanuncio del estreno de «Coco de París», escrita y dirigida por Daniel Mañas, que subirá a escena el viernes 5 de enero en la sala Raúl Rossi del Complejo Teatral Broadway de Alejandro Romay. Como el ambiente lo sugería, todo tuvo el estilo de un relato de Proust y las visitas de mesa a mesa adquirieron el carácter de una coreografía hábilmente diseñada.
La invitación sugería rendir homenaje a la mujer que cambió el estilo de la moda, usando como material de sus prendas, texturas habituales a la ropa interior masculina, travistiéndolas con el brillo de la bijouterie. Y ningún homenaje podría ser mayor que el de ostentar algún detalle que evocara su estilo. De modo que los largos collares de perlas, anudados, combinados con cadenas doradas, testimoniaron que el recuerdo de la moda de una época continúa aún vivo.
Las mesas, impecablemente tendidas y la silenciosa atención de los camareros, invitaban al cuchicheo de modo que nada perturbó la armoniosa ceremonia. La niña criada en el orfanato, que empezó su carrera como cantante de cabaret y actuó como mensajera de la paz en la Segunda Guerra Mundial, parecía haber sido excluida.
Es que Coco creó un imperio y desde él irrumpió en el mundo del arte: Dalí, Picasso, Stravinsky y Visconti fueron sus amigos. Y los rasgos revolucionarios de la moda que impuso dejaron rastros en las creaciones de los artistas de su época.
Sin embargo, Esther Goris (muy en papel y no sólo por la ropa que vestía: «Lo que pasa es que me meto demasiado en la piel de las heroínas que interpreto») al referirse a ella, destacó los rasgos de su carácter que la llevaron a aceptar el papel.
«Coco -dijo- fueuna mujer cuya vida de éxitos no logró paliar su soledad. El amor fue para ella una presencia esquiva. Eso es lo que más me atrajo del personaje y también su feroz sentido del humor, rasgos que la obra de Daniel Mañas rescata.»
Cuando llegó la hora de las notas periodísticas el ritmo cambió súbitamente y muchas de las invitadas optaron por dejar el escenario y retirarse con la misma prudencia que marcó sus entradas.
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