Valiosa escultura de Mariana Schapiro, una de las 202 obras preseleccionadas para los Premios Fundación Osde y que, con buen criterio, se exhiben junto con las galardonas.
La importante y pluralista producción artística de nuestro país se traduce como dijimos ya en notas anteriores a través de las convocatorias a diversos premios tanto en el orden oficial como privado, entre otras manifestaciones, El Premio Fundación Osde, por caso, dividió al país en varias regiones: Bonaerense, Metropolitana, Noroeste, Noreste, Cuyo, Central, Córdoba y Patagonia para lo que se nombraron y enviaron 24 jurados para su aceptación.
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Fueron recibidas 6.700 obras, 1.700 de las cuales correspondieron a la Capital y al Gran Buenos Aires, tres jurados tuvieron la tarea de premiar las obras entre las 202 que se exhiben actualmente en los dos pisos de Imago-Espacio de Arte (Suipacha 658). De acuerdo al montaje curatorial se evitó agrupar los premios para así establecer un diálogo entre las obras sin distinción de su procedencia o técnica. Una mirada exhaustiva invita a una reflexión acerca de la validez de dividir la convocatoria en las disciplinas Pintura, Escultura y Objetos, Dibujo y Grabado ya que, salvo la Fotografía, en casi todas se establece una multiplicidad y entrecruzamientos de técnicas inherente al momento actual de las artes visuales caracterizado por una disolución de los límites.
El Primer Premio Nacional de Pintura le fue otorgado a Silvana Lacarra (Bragado, 1962), que de acuerdo a las convenciones de los salones podría figurar como premio en la disciplina Objeto. Se trata de una madera conbada revestida en fórmica roja con incisiones, material que la inspira para doblegar su resistencia y al que no intenta modificar su color.
El Primer Premio Nacional de Escultura le correspondió a Martín Digirolamo por «Sola 9», una figura femenina super «sexy», en macilla epoxi, esmalte, óleo y tela, un realismo kitsch exacerbado, con lágrimas en sus ojos y que convalida el concepto del borramiento de los límites por los elementos que se introducen en su ejecución y exposición.
En la categoría Dibujo y Grabado, Mariano Vilela (Buenos Aires 1970), recibió el Primer Premio Nacional. Obra muy estructurada en grafito que produce un efecto óptico de avance y retroceso que remite a Joseph Albers. «Morfología de un vacío» es el título de la fotografía de Hugo Aveta (Córdoba, 1965)), ganador del Primer Premio de la disciplina, una excelente composición de contrastantes grises y texturas.
Hay segundos y terceros premios, premios regionales y los aceptados de cada región, demasiados para ser aquí expuestos por lo que sugerimos un atento recorrido y descubrir obras valiosas como por ejemplo «Giros, volteretas y cabriolas» de Mariana Schapiro o «La Otra Orilla» de Raúl Fernández Olivi, dos escultores de fuste. Hay excelentes fotografías de Ana Zitti, Augusto Zanella, Verónica Roig, Valeria Conte Mac Donell, Gerardo Repetto, Arturo Aguiar (estos dos últimos, Segundo y Tercer Premio respectivamente); Ana Dolores Moya sobresale con «Puntos de Vista» (impresión digital, troquelado y grabado), Beatriz Moreiro (aguafuerte, aguatinta y punta seca), Mariano Dal Verme, literalmente un obsesivo entramado de grafito sobre papel, el delicado acrílico y lápiz sobre papel «Limay Traful» de Carolina de Vansay, la tinta sobre tela de Rosa Audisio.
Un extraño Tercer Premio Nacional de Escultura y Objetopara Carlos Herrera (Rosario): un televisor en cuya pantalla se ve la desagradable imagen de salsa de tomate, banana, panceta y unos dedos de una mano calzados con botitas que recorren, empujan esta mezcolanza mientras se escucha «Vissi d' Arte» por María Callas a quien, según el título, el autor homenajea. Salvo el canto, totalmente olvidable.
En el rubro Pintura, se destacan Pablo Zel, Alejandro Uresbeoeta Goitia ( Corrientes), Segundo Premio Nacional, a pesar de que tiene las características de una mezcla de Objeto y Escultura blanda; Max Gómez Canle, que juega con la vedutta renacentista, la iconografía urbana de Pablo Mauvesin y Fabián Giménez y la extraña imagen y técnica, petróleo, grafito y óleo de Fabiola Castro «Sirenas en el Paraíso».
En suma, este importante Premio permite la reafirmación de importantes artistas, el descubrimiento de nuevas figuras en el panorama actual que con su inclusión en el correspondiente catálogo, imprescindible fuente de consulta para futuras exposiciones colectivas e individuales, genera un balance optimista, por lo que los organizadores han garantizado su continuidad en 2007.
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