22 de julio 2003 - 00:00

Venecia edición 50°: una Bienal pobre

La 50º Exhibición internacional de Arte de la Bienal de Venecia se propone considerar cómo una megamuestra puede realmente ofrecer la diversidad del arte contemporáneo, con su multiplicidad de lenguajes y la innegable independencia de los nuevos contextos geográficos, políticos y culturales.

La Bienal plantea convertirse en una oportunidad para que el espectador haga su propio análisis y se transforme en crítico de sus propias experiencias. El público puede hacer sus propias elecciones, crear un itinerario individual y considerar el mundo y la contemporaneidad desde los planteos y perspectivas de los artistas, no siempre los de más calidad.

El día reservado para la crítica y los especialistas asistieron alrededor de catorce mil personas, pero luego no hubo más de ochocientos visitantes diarios. Los críticos en general estaban agobiados por el calor y la baja calidad de las obras; si no hubiera sido Venecia la concurrencia habría sido menor. Dentro de todo ese malestar en la cultura, esta 50º edición es realmente paradigmática.

El título muy bien encontrado desde el punto de vista del marketing, «Sueños y Conflictos», no significaba nada. La dictadura del espectador, el proyecto del director Francesco Bonami, no resultó demasiado feliz por el criterio muy conservador. Seguramente a Bonami le interesa demasiado la pintura como para dirigir una acción de vanguardia como la Bienal. El conjunto empañó la imagen de las pocas buenas obras.

Aunque esta Bienal pretendió seguir en cuanto ideología a la excelente Documenta XI, del año pasado, organizada por Okwui Enwezor (el curador nigeriano que reside en Nueva York), Venecia se quedó a mitad de camino. La interpretación de Bonami se pone de manifiesto en sus exhibiciones, que se agregan a las trece secciones de otros curadores, que ofrecen sus propios puntos de vista sobre la contemporaneidad.

Francesco Bonami
y Daniel Birnbaum, en «Retraso y Revolución», han trabajado en torno al significado de la obra de arte que nunca es estable sino que depende de nuevas lecturas y traducciones que reconstruyen la breve historia de sus transformaciones, desviaciones, repeticiones y demoras.

Dan Graham
(1942), que vive y trabaja en Nueva York, realizó un gran número de obras relacionadas con esa temática e indagó sobre los modos de la temporalidad en el sujeto. Sobre su instalación «Oppossing mirrors and video monitors on time delay» (dos espejos, dos videocámaras y dos monitores con el tiempo detenido), el artista ha dicho «el espectador que mira en dirección al espejo, ve un reflejo continuo de un tiempo presente en el espacio circundante». Pero la instalación agrega otros niveles, el del espejo como metáfora central, y la imagen del monitor, en el que el área es vista desde el espejo del sector opuesto.

• Confrontación

En La Zona, Massimiliano Gioni, ha planteado un espacio para la confrontación y el diálogo en el que se experimenta una nueva imagen del arte contemporáneo italiano. Clandestina idea del director de la Bienal, sugiere, en cambio, un espacio común exento de límites topográficos, en el que plantea el cambio constante de los criterios de valoración y las condiciones de la producción artística.

«Smottamenti» (Derrumbes), sección curada por
Gilane Tawadros, presenta los paisajes cambiantes del arte africano contemporáneo. En Sistemas individuales, Igor Zabel plantea el concepto de sistema que revela la naturaleza heterogénea y contradictoria de la modernidad. Por su permanente búsqueda en torno al tiempo y su trabajo a la manera de un proceso continuo, en esta sección es interesante «Portrait» (Retrato) de Roman Opalka (1931), que vive y trabaja en Bazerac, Francia, y que ha expuesto en Buenos Aires hace unos años, en el Centro Recoleta.

Sobre el tiempo como duración y desaparición, como vida y, a la vez, como presencia de la muerte, ha escrito que «es la verdadera intriga de todo ser humano, la presencia de una conciencia».
Hou Hanru, en la sección «Zona de Urgencia», reflexionasobre la urbanización y la expansión de los espacios urbanos, como los factores más dinámicos del mundo en transformación.

Se destaca el grupo «Campamento Urbano» compuesto por cuatro integrantes de diferentes profesiones:
Sylvie Blocher (arte) -Gran Premio en la Bienal de El Cairo, en 1995-, François Daune (arquitectura), Josette Faidit (sociología) y Aline Caillet (literatura). Trabajan internándose en los suburbios más pobres de París y colaborando con los habitantes marginados, tratando de concebir y construir espacios, en los que puedan redefinir su identidad.

El curador argentino
Carlos Basualdo, rosarino radicado en Nueva York, hizo una excelente presentación. En «La estructura de la crisis» ha trabajado en torno a la crisis política y la resistencia en los países en desarrollo. Corresponde mencionar los trabajos de GAC el Grupo de «Arte Callejero», creado en 1997 en Buenos Aires, por artistas fotógrafos y diseñadores gráficos, que realizan un arte de denuncia en espacios públicos, entre otras obras, «Aquí viven genocidas» y « Homenaje a los caídos el 20 de Diciembre de 2001». Un buen plano señalizando los centro de detención y tortura donde se reprimía a la gente durante la dictadura militar.

«La alteración de lo cotidiano», con la curaduría del artista mejicano
Gabriel Orozco, muestra cómo la práctica de transformar las situaciones y los objetos cotidianos es un modo de registrar y alterar el paso del tiempo. Molly Nesbit, Hans Ulrich Olbrist y Rirkrit Tiravanija son los curadores de «Estación Utopía», una gran idea, y una no tan buena selección.

La utopía es una idea con una rica historia
(desde-Tomás Moro a Marc Augé), un «no lugar», la esperanza de un futuro mejor. Escritores, bailarines, actores, músicos fueron invitados a aportar sus ideas y participaciones. La Bienal ha convocado también científicos, escritores y filósofos. En esta idea se sustenta el Archivo de arte contemporáneo: 99 testimonios de figuras contemporáneas que en este nuevo laboratorio interdisciplinario de la Bienal, dirigido por Giuliano da Empoli, comparten sus ideas y proponen nuevos caminos frente a la situación actual.

Un espacio especialmente equipado por el grupo de arquitectos «Cliostraat», alberga las 99 reuniones, a la misma hora, durante toda la Bienal hasta el 2 de Noviembre, destinadas a dialogar acerca de la contemporaneidad. La idea busca actualizar el proyecto de la Bienal en grupos de discusión sobre los temas abordados en el Arsenal. La cuerda sección que estuvo a cargo del Estudio Archea comprende una pieza escultórica y arquitectónica (un enorme tubo). Se trata de una conexión espacial de segmentos de acero entre varios sectores de la exhibición.

Plantea la idea de continuidad del arte, como una manifestación que no conoce límites, un medio de comunicación entre culturas y espacios, y entre la gente de diferentes lugares.
Además la propuesta atraviesa el tiempo y el espacio de la exhibición, ya que otros cilindros similares a los que integran esta obra aparecen en las plazas de algunas ciudades italianas. La síntesis de las observaciones generales sobre la Bienal es que faltó selección y que la cantidad enorme de lo expuesto atentó contra el conjunto. En un próximo artículo nos referiremos a los artistas y propuestas más interesantes.

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