29 de noviembre 2000 - 00:00

Viñao adapta bien a Abelardo Castillo

«La cuarta pared», de A. Castillo. Dir.: M. Viñao. Int.: J. Rod y V. Cardella. Teatro del Sur.
(30-11-00) Unir en un mismo espectáculo dos cuentos de uno de los más importantes escritores de nuestro país es una idea afortunada. Mónica Viñao ha construido, en base a «Las panteras y el tiempo» y «La cuarta pared», una puesta que valoriza las posibilidades dramáticas de dos relatos de Abelardo Castillo que asumen la forma de extensos monólogos.

El valor de la palabra como expresión de una acción interior se ha visto postergado por la sobreestimación del movimiento, lo que ha redundado en infinidad de productos, muchas veces desprovistos de pensamiento, en los que sólo prevalecen las sensaciones. Y esto a su vez ha traído como consecuencia el descuido de la educación de la voz, que es una de las herramientas principales del actor. Viñao transforma nuevamente el texto en sustento de la carga dramática. Y justo es reconocer que ambos relatos son los suficientemente atractivos como para atrapar la atención.

En «Las panteras y el templo» (cuyo clima se acerca a las obsesiones de Poe), un hombre planifica una y otra vez el asesinato de su mujer con la complicidad implícita de ésta. Y la secreta esperanza (a la vez teñida de temor) de que el más mínimo cambio que modifique la realidad produzca el impulso que transforme la amenaza en acto.

En el segundo relato, una mujer reflexiona sobre sus relaciones con su compañero, teñidas a la vez de sumisión y de desprecio.

En sus reflexiones desarrolla la trama de enmarañados vínculos que le es imposible deshacer. Se cree sola, pero un ruido que proviene de la habitación vecina la sume en el miedo.

Mónica Viñao
ha integrado a los actores con el público, lo que da la sensación de que lo que sucede en escena es la proyección de un pensamiento íntimo que se hace visible. otidiano.

La segunda parte es la más lograda, porque Vanessa Cardella es poseedora de una mayor soltura y un mejor dominio técnico.

Jorge Rod
, en cambio, tropieza con la dificultad de un entrenamiento vocal insuficiente.

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