23 de noviembre 2000 - 00:00
Volvió "Sed de mal", con la genialidad de lo imperfecto
-
María Negroni sobre sus últimos dos libros: "Son variaciones de una misma poética"
-
El emotivo elogio de la fotógrafa de AC/DC para el público argentino: "Buenos Aires, fuiste inolvidable"
(23-11-00)" Lo imperfecto está vivo". Esta frase de Carl Th. Dreyer explica por qué, para muchos, «Sed de mal» puede ser una película más rica y lograda que «El Ciudadano», obra superior a la que llega hoy en versión restaurada a los cines.
A veces los rankings de los mejores films de la historia reemplazan «Citizen Kane» por «Sed de mal», arbitrariedad que quizá surja del misterio o de la promesa interminable de que, por más excelente que sea el material que se aprecia en la pantalla, Welles lo hubiera mejorado de tener las manos libres.
La reciente restauración que se limita a limpiar radicalmente la imagen, a eliminar la antológica música de Henry Mancini de los títulos de apertura y a modificar sutilezas difíciles de percibir a lo largo de casi dos horas de escenas, actuaciones y climas que cortan el aliento, trata de alcanzar esa promesa. Idea imposible que falla miserablemente. No es difícil imaginar la carcajada shakespeareana que podría soltar Welles al saber que, como burócratas del arte, unos tipos siguieron al pie de la letra su larguísimo memorándum a la Universal sobre sus ideas acerca de este film.
Pero donde no hay discusión es sobre la experiencia que significa ver este policial 20 años adelantado a su época. Sobre todo para el público argentino, que no tuvo ocasión de verla en fílmico en la pantalla de un cine (salvo para los pocos espectadores de su estreno original en el Select Lavalle, como programa de relleno del film de aventuras con Rock Hudson, «La espada invencible»).
Como sucede con los grandes clásicos del cine negro, más que un thriller «Sed de mal» es una fábula política, emotiva y social, una oscura visión del mundo, donde el peor villano puede tener razón, y el mejor intencionado de los héroes puede ser poco más que un traidor. En su momento, el film fue visto casi con vergüenza. Orson Welles se regodeó en las drogas, los rockers chicanos, las muertes truculentas y al abuso sexual de la bellísima Janet Leigh que luego casi repetiría «Psicosis».
El oscuro mundo fronterizo que describe «Sed de mal» incluye momentos casi terroríficos, como el ataque que sufre Janet Leigh a manos de la brutal lesbiana rockabilly Mercedes McCambridge y sus amigos, o la entrada furibunda de Heston en un bar de mala muerte para darle una paliza a una banda de compatriotas del mal vivir. Pero al mismo tiempo, la película incluye alardes visuales (empezando por el legendario plano secuencia inicial), interpretativos y argumentales (que se notan en cada diálogo pronunciado por Marlene) que obligan a ver la película más de una vez.




Dejá tu comentario