Vuelve mejorado un ex espía criminal

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«La supremacía de Bourne», EE.UU.Alemania, 2004, habl. en inglés y ruso). Dir.: P. Greengrass. Int.: M. Damon, F. Potente, K. Urban, B. Cox. PM/13.

El cine de espías es uno de los pocos géneros en los que habitualmente las segundas partes no sólo no son malas, sino que muchas veces mejoran el film original. Esta nueva entrega de las angustiantes andanzas del ex asesino de la CIA Jason Bourne es uno de esos casos.

Este nuevo Bourne es francamente superior a «Identidad desconocida» (The Bourne Identity) el film que inició esta franquicia basada en las novelas de Robert Ludlum. Es más original, raro, oscuro, fiel al género del thriller de espías y conspiraciones, cuenta una historia más imprevisible y sustanciosa haciendo crecer emocionalmente al personaje protagónico, que aparece mucho más humanizado que en su primera aparición.

La película anterior era un buen producto, que por un lado intentaba ser fiel al thriller de espías clásico, pero sin atreverse a eludir ciertos clichés del cine de acción moderno mucho más light de lo que pedía la trama. Después de todo, un repentino ataque de amnesia era lo único que volvía menos despiadado a este asesino que no necesitaba licencia para matar: luego de estar expuesto al peor lavado de cerebro de la CIA, era un autómata siempre listo para llevar a cabo cualquier orden aberrante de sus superiores. El surmenage implicaba la condena a muerte a manos de sus colegas.

En esta continuación,
Bourne y su novia gozan de unas vacaciones permanentes en la isla de Goa, tan preocupados por curar la amnesia que descuidan el peligro de ser ubicados por los viejos camaradas del servicio secreto. El error se paga caro, dándole al film ya desde el comienzo un tono dark que le da a la película mucho más carácter que el film original.

La complicada trama convierte también a
Bourne en un raro caso de «falso culpable» hitchcockiano: lo acusan de un asesinato reciente que no cometió, y mientras escapa de la policía de media Europa, él se ocupa de recordar y hacerse cargo de los crímenes atroces que sí cometió en el pasado.

Pasada la mitad de la proyección el asunto creció tanto en suspenso como desde el punto de vista emocional, y la angustiante pesadilla de
Bourne se acentúa por el personal estilo impreso por el director Paul Greengrass (el de la excelente «Domingo sangriento», sólo disponible en VHS y DVD), que intensifica las persecuciones automovilísticas filmándolas con un estilo hiperrealista, con más atención a los detalles que a los choques y explosiones gratuitos del cine de acción más convencional.

El montaje, la fotografía, la música (de
John Powell, tan vanguardista como siempre) son excelentes, pero el director Greengrass es el responsable de darle a toda la película un tono frenético para acentuar el desequilibrio psicológico del protagonista, sin descuidar un mensaje tan oscuro y actual como para salir del cine totalmente sorprendido de que una secuela de «Identidad desconocida» pueda terminar enfocando temas tan dramáticos sin perder sus cualidades como thriller de espías.

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