30 de agosto 2001 - 00:00
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Woody Allen.
Las estrellas femeninas de «Ladrones de medio pelo», Tracey Ullman y Elaine May (que interpreta a su cuñada, Frenchie), no militan entre las más populares del cine, pero Allen las eligió a conciencia. «Conozco a a Elaine desde hace 35 años, siempre me pareció desopilante, aunque nunca había accedido a trabajar conmigo. Tanto es así que la primera vez que la convoqué fue en 1969 para 'Robó, huyó y lo pescaron'. Tuve que esperar bastante por cierto. Tracey está fabulosa. En cuanto a Hugh Grant, tuve la fortuna de contactarlo en medio de dos rodajes. Tenía tiempo, por suerte...»
Cuando le preguntaron por qué no convocaba nunca a las grandes estrellas de Hollywood, si era por una cuestión de temperamento o de incompatibilidad, Allen fue muy claro: «Eso no es así. Yo escuché a muchos de ellos decir que les encantaría trabajar alguna vez conmigo.Y a varios, en el pasado, les mandé guiones de proyectos. Podría mencionar a Jack Nicholson, Dustin Hoffman, Robert Redford. Ellos los leyeron y dijeron sentirse encantados. Claro, cuando se enteraban de lo que iban a cobrar me decían que no de inmediato. El peor de todos fue George C. Scott. Jamás se molestó en leer un guión si no se convenía previamente lo que se le iba a pagar. Pero no puede decirse que ninguna de las grandes estrellas haya trabajado conmigo. Lo hizo Julia Roberts en 'Todos dicen te quiero', y hasta me di el lujo de besarla».
El tema del dinero surge de inmediato en la conversación. «No creo que la fortuna cambie a la gente», dice Allen. «El dinero no modifica a las personas, pero les permite liberarse y ser lo que realmente desean. En esta película, el ejemplo es el de mi personaje. Ray no quiere ser millonario. Sólo quiere tener el dinero suficiente como para radicarse en Miami, comer langosta frente al mar y pasarse el día mirando televisión. Pero un día descubre que le están dando comida francesa con una salsa sofisticada que desconoce, mientras está rodeado de gente de smoking. Y no es eso lo que quiere en la vida.»
La relación con los productores ha sido, en la vida de Woody Allen, casi tan conflictiva como la que tuvo con las mujeres. Largos romances que suelen terminar en algún juicio, aunque con distinto matiz de acusaciones. Actualmente, la Dreamworks, de Steven Spielberg, está produciendo sus películas. Sobre ese punto, Allen también tiene su propia opinión.
«Por lo general -comenta sin ironía ( Allen es una persona muy seria fuera del set)- a los productores los asusta la palabra 'ingenio'. No sé por qué y nunca he tratado de ponerme a pensar en el tema. Tal vez, supongan que un exceso de ingenio en un guión pueda espantar al público. En definitiva, no les gusta. Por eso, cuando yo planteé el tema de esta película, les dije: 'Muchachos, esto es algo que a ustedes les va a gustar. Es sobre un grupo de gente que se junta para robar un banco'. Les cambió la cara.Y con un productor feliz, uno puede contrabandear ingenio.»



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