30 de agosto 2001 - 00:00

Woody Allen: "Nada me gustaría tanto como ser ama de casa"

Woody Allen.
Woody Allen.
(29/08/2001) Nueva York - «En realidad, sólo puedo interpretar dos papeles en el cine: el de intelectual, por mis anteojos y mi apariencia, y el de ratero.Y lo más divertido de todo es que me identifico mucho más con el ratero que con el intelectual», dijo Woody Allen en un reciente encuentro con la prensa.

Su ritmo de trabajo es incomparable, y más si se tiene en cuenta su naturaleza hipocondríaca. Acaba de estrenar en los Estados Unidos su nueva película, «Curse of the Jade Scorpion» («La maldición del escorpión de jade»), ya está trabajando en su próximo proyecto, una comedia sobre las manipulaciones de Hollywood y el mundo del cine, mientras en el resto del mundo se va estrenando su penúltima producción, «Ladrones de medio pelo» («Small Time Crooks»), que a partir de mañana se verá en los cines argentinos.

Este film fue uno de los que mayor recaudación cosechó en su propio país, en especial porque las familias pudieron llevar a sus hijos: aquí está ausente su habitual humor sexual, que por otra parte venía haciéndose cada vez más intenso en sus últimas películas como «Poderosa Afrodita», «Los secretos de Harry» y «Celebrity».

Interpretado en sus papeles centrales por él mismo, junto a Tracey Ullman y Hugh Grant, «Ladrones de medio pelo» representa una especie de retorno a su humor original, directo y poco sofisticado. Es una comedia que, en cierto modo, reconoce el mismo punto de partida de «Con un fracaso, millonarios», la exitosa obra de Mel Brooks.

Un grupo de maleantes de poca monta decide alquilar una pizzería, vecina a un banco, para poder robar el tesoro a la manera boquetera. Entonces, como fachada, ponen a quien interpreta a su esposa en el film, Tracey Ullman (que no sabe hacer una pizza), a vender las galletitas que prepara. Ese, y no el robo, será el gran triunfo de sus vidas. Pero el film recién empieza con eso.

«Me siento muy cómodo en los papeles de ratero», sonríe Allen. En realidad, ésta es la tercera vez que lo hace. Primero fue «Robó, huyó y lo pescaron» y después, «Broadway Danny Rose». «Además -añade- de intelectual no tengo nada. Nunca soy tan feliz como cuando puedo quedarme en casa con una cerveza mirando por televisión a los Knicks, a los Mets y a los Yanquees.Yo sería un ama de casa perfecta. Me encanta la idea de quedarme en casa, preparar el desayuno y ponerme a mirar televisión».

Las estrellas femeninas de «Ladrones de medio pelo», Tracey Ullman y Elaine May (que interpreta a su cuñada, Frenchie), no militan entre las más populares del cine, pero Allen las eligió a conciencia. «Conozco a a Elaine desde hace 35 años, siempre me pareció desopilante, aunque nunca había accedido a trabajar conmigo. Tanto es así que la primera vez que la convoqué fue en 1969 para 'Robó, huyó y lo pescaron'. Tuve que esperar bastante por cierto. Tracey está fabulosa. En cuanto a Hugh Grant, tuve la fortuna de contactarlo en medio de dos rodajes. Tenía tiempo, por suerte...»

Cuando le preguntaron por qué no convocaba nunca a las grandes estrellas de Hollywood, si era por una cuestión de temperamento o de incompatibilidad, Allen fue muy claro: «Eso no es así. Yo escuché a muchos de ellos decir que les encantaría trabajar alguna vez conmigo.Y a varios, en el pasado, les mandé guiones de proyectos. Podría mencionar a Jack Nicholson, Dustin Hoffman, Robert Redford. Ellos los leyeron y dijeron sentirse encantados. Claro, cuando se enteraban de lo que iban a cobrar me decían que no de inmediato. El peor de todos fue George C. Scott. Jamás se molestó en leer un guión si no se convenía previamente lo que se le iba a pagar. Pero no puede decirse que ninguna de las grandes estrellas haya trabajado conmigo. Lo hizo Julia Roberts en 'Todos dicen te quiero', y hasta me di el lujo de besarla».

El tema del dinero surge de inmediato en la conversación.
«No creo que la fortuna cambie a la gente», dice Allen. «El dinero no modifica a las personas, pero les permite liberarse y ser lo que realmente desean. En esta película, el ejemplo es el de mi personaje. Ray no quiere ser millonario. Sólo quiere tener el dinero suficiente como para radicarse en Miami, comer langosta frente al mar y pasarse el día mirando televisión. Pero un día descubre que le están dando comida francesa con una salsa sofisticada que desconoce, mientras está rodeado de gente de smoking. Y no es eso lo que quiere en la vida.»

La relación con los productores ha sido, en la vida de Woody Allen, casi tan conflictiva como la que tuvo con las mujeres. Largos romances que suelen terminar en algún juicio, aunque con distinto matiz de acusaciones. Actualmente, la Dreamworks, de Steven Spielberg, está produciendo sus películas. Sobre ese punto, Allen también tiene su propia opinión.

«Por lo general -comenta sin ironía ( Allen es una persona muy seria fuera del set)- a los productores los asusta la palabra 'ingenio'. No sé por qué y nunca he tratado de ponerme a pensar en el tema. Tal vez, supongan que un exceso de ingenio en un guión pueda espantar al público. En definitiva, no les gusta. Por eso, cuando yo planteé el tema de esta película, les dije: 'Muchachos, esto es algo que a ustedes les va a gustar. Es sobre un grupo de gente que se junta para robar un banco'. Les cambió la cara.Y con un productor feliz, uno puede contrabandear ingenio.»

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