Gracias a las criptomonedas se convirtió en el menor de 30 años más rico del mundo

Finanzas

El cofundador de FTX, Sam Bankman-Fried, construyó una fortuna de u$s22.500 millones a los 29 años aprovechando el frenesí de las criptomonedas.

Meses antes de cumplir 30 años, Sam Bankman-Fried se posicionó en el puesto 32 de las personas más ricas del mundo según el ranking de la revista Forbes. Según la publicación, el joven tiene un patrimonio de u$s22.500 millones principalmente gracias a las criptomonedas.

El único que había logrado una fortuna semejante antes de los 30 años fue Mark Zuckerberg, el creador de Facebook.

Lo curioso de la historia de Bankman-Fried es que pese a que las criptomonedas son las responsables de su inmensa fortuna, no es exactamente lo que más lo entusiasma. Y además, una gran parte de sus ganancias las regala.

Bankman-Fried, cuya filosofía es "ganar para dar", entró a la fiebre del oro criptográfico, primero como comerciante, luego como creador de un intercambio de criptomonedas, FTX, que permite a los comerciantes comprar y vender activos digitales como bitcoin y Ethereum y recaudó US$ 900 millones de empresas como Coinbase Ventures y SoftBank en julio con una valoración de US$ 18 mil millones.

Por el momento, Bankman-Fried, regaló solo US$ 25 millones, aproximadamente el 0,1% de su fortuna, lo que lo coloca entre los miembros menos caritativos de The Forbes 400, según cuenta la revista.

Bankman-Fried se inscribió en el MIT para estudia física, pero según cuenta pasó más tiempo jugando videojuegos Starcraft y League of Legends que estudiando.

Su filosofía es la de ayudar a las personas y hacer del mundo un lugar mejor.

Después de graduarse del MIT en 2014, tomó un trabajo financiero bien remunerado, intercambió ETF para la firma cuantitativa Jane Street Capital, y canalizó una parte de su salario de seis cifras a causas filantrópicas.

Entró al mundo de las criptomonedas en 2017, pese a que no sabía mucho sobre el tema ni ser un creyente del ecosistema. Pero vio el crecimiento del Bitcoin y proyectó la posibilidad de ganar dinero. Una de las cosas que detectó es que el sistema le permitía comprar BTC en EEUU y venderlo en Japón a un 30% más.

Fundó su propia empresa, con la que llegó a mover hasta u$s25 millones diarios en Bitcoin. Luego tomó partes de las ganancias y lanzó FTX. Vendió rápidamente una porción a Binance, el mayor intercambio de cifrado del mundo por volumen, por alrededor de US$ 70 millones.

Al principio fue lento. Una docena de empleados trabajaban desde escritorios de pie en un WeWork de Hong Kong, tratando de atraer a los comerciantes a su nuevo intercambio. Pronto encontró un nicho que atiende a inversores más sofisticados que buscan negociar derivados, como opciones de bitcoins o futuros de Ethereum. Muchos comerciantes de derivados tienen poca o ninguna convicción ideológica sobre las criptomonedas. Como Bankman-Fried, simplemente quieren ganar dinero.

Como resultado, tienden a realizar sustancialmente más operaciones y por montos más altos que el inversor minorista promedio. Eso conduce a más tarifas para FTX, lo que supone un recorte de entre el 0,005% y el 0,07% de cada transacción. FTX es también uno de los pocos intercambios que cuentan con versiones tokenizadas de acciones tradicionales, ofreciendo, por ejemplo, un token criptográfico que representa una parte de Apple. Dado que la empresa casi no tiene gastos generales, sus márgenes de beneficio son altos: alrededor del 50%.

En solo dos años de atender al comerciante más sofisticado, FTX se ha vuelto enorme. Su volumen promedio diario de negociación de derivados de US$ 11,5 mil millones lo convierte en el cuarto mercado de derivados más grande, solo detrás de Bybit (US$ 12,5 mil millones), OKEx (US$ 15,5 mil millones) y el líder de la industria Binance (US$ 61,5 mil millones).

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