29 de mayo 2024 - 00:00

La otra cara de la fiebre del oro: por la crisis, más personas salen a vender joyas familiares

La clase media se ajusta. Pero no solo recurre a ahorros y a vender dólares atesorados por años, sino también a las alhajas heredadas de la abuela. Para algunos el oro es una inversión o un refugio para otros una válvula de escape.

La otra cara de la fiebre del oro: por la crisis, más personas salen a vender joyas familiares.

La otra cara de la fiebre del oro: por la crisis, más personas salen a vender joyas familiares.

Los metales preciosos han escalado a niveles de precios récords en los últimos meses de la mano de diversos factores, entre ellos las crecientes tensiones geopolíticas. El furor por el oro, sobre todo de los bancos centrales, en particular de China, vio pasar en pocos meses la onza troy de 2.000 dólares a comienzos de año a más de 2.400 en las últimas semanas.

Quienes apostaron a refugiarse en el metal precioso están de parabienes, mientras los amantes de la joyería han visto encarecer los valores de las diferentes piezas. Pero para otros, con dificultades económicas y financieras, la fiebre del oro constituye quizás una válvula de escape para afrontar los desajustes de los presupuestos familiares en medio de la recesión.

De esta manera, ante la escalada inflacionaria, la pérdida de ingresos y del poder adquisitivo, cada vez más gente, principalmente de clase media, recurre a desprenderse, en la medida que pueden o tienen, no solo de ahorros y dólares encanutados de años sino de las joyas familiares.

Es un fenómeno que no es propio solo de la Argentina, cuya clase media, en la medida de puede o tiene, vende dólares encanutados de años y/o las joyas de la abuela para afrontar los desbarajustes del presupuesto familiar en medio de una recesión.

El desarme de los llamados “canutos” se vio en los últimos meses, incluso alentado por el propio Presidente Milei y con ello la retracción de los dólares informales. Pero la venta de las consideradas por las familias como las joyas de la abuela se intensificó con la crisis y la escalada del oro. Primero se ajustan gastos y cuando se bordean límites, se desprenden de tesoros familiares.

Parte de ello se ve no solo en el boom de anuncios de negocios especializados en compra-venta de joyas, oro y relojes etc. sino también en las consultas y transacciones, por ejemplo, en la tradicional porteña calle Libertad y sus símiles del interior del país. Según la “sensación térmica” de los entendidos en estas lides las consultas aumentaron entre 50 y 60% en lo que va del año, y las operaciones otro tanto.

De la misma forma también recrudece la operatoria del empeño, o sea, dejar alguna alhaja en calidad de garantía a cambio de una suma de dinero. Al respecto, en CABA, el Banco Ciudad es el vehículo porteño tradicional para llevar a cabo empeños vía los llamados créditos pignoraticios parece haber ya registrado casi un tercio de las operaciones de todo el año pasado, según fuentes del mercado. Son una especie de préstamo personal a corto y a mediano plazo.

La venta de las joyas de la abuela: un fenómeno no sólo local

Ahora bien, a modo de consuelo de tontos, la crisis, ya sea por la inflación o pérdida de ingresos, también pega hasta en las economías más desarrolladas, como por ejemplo en EEUU, donde las personas acuden más asiduamente a las casas de empeño y venden joyas ante la escalada del oro.

Gene Furman, dueño de King Gold & Pawn y de Empire Gold Buyers, le contó a la cadena Bloomberg que la gente está utilizando el oro como un cajero automático que nunca tuvo. Señaló que el tráfico de ventas de oro en su local de la Quinta Avenida en Nueva York se ha más que triplicado, desde que el oro subió más de 15% desde el mínimo de febrero pasado.

Claro que a la hora de vender, la actitud generacional es bien distinta. Algunos sólo quieren aprovechar el aumento de los precios del oro pero otros se ven obligados a vender por el impacto de la inflación en sus presupuestos personales.

La mayoría vende joyas incluso heredadas con valor sentimental pero como le explica Tobina Kahn, de House of Kahn Estate Jewelers, los jóvenes no usan las joyas de la abuela, la mayoría quiere un reloj Apple no quiere un reloj de bolsillo, lo sentimental ahora está del otro lado de la puerta. Estos jóvenes jaqueados por los mayores precios de los alimentos, del alquiler, los gastos del auto, etc. se ven eclipsados por el precio del oro y buscan efectivo para cubrir sus gastos mensuales.

Como hay alguien que vende también hay alguien que compra, por eso la cadena de supermercados Costco empezó a vender barras de una onza desde fines del año pasado, a razón de 100 y 200 millones de dólares mensuales, según una estimación de Wells Fargo. Hoy también ofrece monedas de una onza de oro puro.

O sea, en este supermercado entre lavarropas, detergentes y alimentos el cliente puede comprar también oro. Según el canal financiero CNBC, la cadena minorista está fijando el precio de las barras un 2% por encima del precio contado y si se es un miembro premium obtiene un descuento del 2% y aquellos que usen sus tarjetas de crédito Citigroup recibirán un 2% adicional.

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