2 de mayo 2023 - 00:00

“Fortuna”, o la genealogía inconfesable del dinero

Diálogo con Hernán Díaz, argentino radicado en los EE.UU., cuya novela se está transformando en una miniserie de HBO que protagoniza Kate Winslet.

Hernán Díaz
Hernán Díaz

La confianza como eje del mundo de las finanzas. Un puzzle de dinero, pasiones y traiciones, en la novela “Fortuna” (Anagrama), de Hernán Díaz, elogiada por Barack Obama, y con, entre otros, el premio de la American Academy of Arts and Letters. Díaz es argentino, está radicado en Nueva York. “Fortuna” se está produciendo como serie de HBO, protagonizada por Kate Winslet. Dialogamos con Díaz.

Periodista: Qué hay detrás de un millonario qué, pasándose a jugador financiero, en una crisis catastrófica, se vuelve multimillonario, ¿fue su punto de partida?

Hernán Díaz: El germen del libro fue la cuestión de la riqueza. La riqueza exorbitante de quien potencialmente fuera el hombre más rico del mundo. Me importaba que esa riqueza estuviera divorciada de cualquier mercancía tangible o servicio concreto, que fuera resultado de la especulación financiera. En “Fortuna” se habla de las genealogías incestuosas del dinero, del capital que engendra capital que engendra capital. Un capital casi místico divorciado de un valor social inmediato, de bienes tangibles. Tiene que ver con la idea de lo ficticio del dinero. Esos acontecimientos numéricos que después se relacionan con eventos materiales y sociales muy concretos, pero que en principio son eventos numéricos, instrumentos financieros cada vez más sofisticados y cada vez más abstractos. Mi investigación, por eso, tuvo que ver con el Crac del 29.

P.: Su obra revisa la épica estadounidense. En “A lo lejos” el mito del western, en esta el del self-made man, confrontando con las novelas de Ayn Rand.

H.D.: No fue intencional. No me planteé un manifiesto cuestionando los mitos estadounidenses. Tengo respeto y afecto al canon literario estadounidense. Si se lee de un modo crítico hay cuestiones que aparecen. Me interesan los huecos del canon en el western y en el dinero, esos momentos hiperfosilizados de la historia, y tratar de desmontarlos. La literatura de Rand resulta deplorable, su filosofía una lectura infantil de Nietzsche, una idea fetichizada del voluntarismo. Pero Ayn Rand juega un papel importante permitiendo ligar etapas, ser una articulación entre las administraciones republicanas de Harding y Coolidge en los 20 y el libertarianismo actual. El punto de inflexión es la Escuela de Chicago, con Milton Fridman, a quien leí extensamente, y sus vástagos, todos lectores de Rand. Hay una cierta relación entre cierta agenda republicana sobre el rol de las finanzas, cierta glorificación de la codicia, que encuentra a su filósofa más berreta en Rand, que es de algún modo la bisagra.

P.: Al comienzo todo el poder está en los hombres, al final las mujeres tienen mucho que revelar.

H.D.: Me pareció imposible escribir sobre el mundo de las finanzas sin pensar y criticar el hecho de que las mujeres fueran excluidas de ese mundo de modo absolutamente sistemático, intencional y deliberado. En EE.UU. e Inglaterra las mujeres no podían abrir una cuenta bancaria sin un cofirmante hombre hasta fines de los años 60. La primera mujer admitida en la bolsa de valores de Nueva York fue en 1975. Esto ha cambiado, pero no lo suficiente. Se las puede ver ahora en el FMI, pero sigue sin representación en ámbitos especialmente relacionados con el dinero y el poder.

P.: “Fortuna” señala el poder de la ficción, en el dinero y en nuestras vidas.

H.D.: La novela explora esa frontera un tanto ambigua entre ficción y realidad, entre ficción e historia, y cuál es el lugar de las narrativas en general en nuestras vidas. La ficción tiene una relación muy particular con la verdad. En general se piensa que si un relato es ficticio está totalmente divorciado de cualquier experiencia de la verdad, creo enfáticamente que este no es el caso. La ficción tiene mucho para enseñarnos acerca de la realidad y de nuestras vidas. Nuestra experiencia del mundo está articulada por la ficción y por diferentes ficciones. Tu identidad nacional, por ejemplo, está basada en una suma de relatos. Es evidente que no todas estas narrativas son verdaderas, que las aceptemos como reales es efecto de recursos y dispositivos discursivos e ideológicos. En muchos relatos de la vida la ficción juega un rol determinante.

P.: El heredero de una fortuna se casa con una mujer de una familia tradicional para hacer carrera en el mundo de la riqueza.

H.D.: Es un modelo. Se puede tener capital financiero ilimitado, pero eso no da un capital cultural, que se puede manifestar mediante el gusto estético, la adquisición de ciertos saberes o bienes artísticos de prestigio. Lo primero en la lista de ese capital que el dotado de capital financiero busca comprar es una genealogía, una ascendencia. Un nombre rancio de alta alcurnia. Esto en EE.UU. es clarísimo. Quiere que sus hijos e hijas tengan sangre azul. Lo cual demuestra que el dinero no es suficiente. Y, una vez más, el poder de las narrativas y de las ficciones. Se podrá ser todo lo rico que se quiera, pero sin una ficción convincente, atractiva, parece que el dinero de por si no es suficiente. Tiene que haber también una ficción que sustente esto.

P.: ¿Se ha instalado en la literatura estadounidense de forma contundente?

H.D.: Hace unos días me dieron un premio de la Academia Americana de Artes y Letras, fue muy fuerte para mí. Esa tradición no es mía, pero la adopté. Es la adopción de ciertos linajes. Siento que mi hogar literario es muy fuertemente los EE.UU. Pero no sería quien soy sin Borges, sin Arlt que escribió sobre la época que yo trato y sobre la desesperación por el dinero, sin Saer, sin Piglia.

P.: ¿Por qué “Fortuna” en inglés se llama “Trust”, con-fianza?

H.D.: En inglés tiene dos sentidos, “confianza” y “monopolio”. La confianza lleva a desconfiar de los cuatro libros con cuatro voces diferentes que componen la novela. Invita a reconsiderar la confianza que damos a determinadas narrativas, el contrato tácito que firmamos con un texto a la hora de leerlo y por qué eximimos a otros textos de esa confianza. En EE.UU. se leyó en el doble sentido, pero en castellano no hay una resonancia que tuviera también carácter financiero.

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