20 de abril 2007 - 00:00
China tiene el shopping más grande del mundo (pero vacío)
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«El centro comercial pasa ahora por una etapa de desarrollo», dice Grace Liu, responsable de Relaciones Públicas. «Su actual rendimiento no significa que no vaya a mejorar en el futuro.»
Los visitantes, en la actualidad, son adolescentes que van a los juegos mecánicos o se reúnen para hacer sociales. «Hay pocos trabajadores a la hora de la comida en restoranes de McDonald's y KFC.»
Huang Xiaoyan está comiendo una hamburguesa y papas fritas en McDonald's, pero dice que no gastará dinero en nada más. «Estoy aquí simplemente para encontrarme con mis amigos, no para comprar», dice la mujer, de 29 años.
Típico de muchos trabajadores chinos, Huang no gasta mucho de los 1.500 yuanes (casi u$s
200) que gana cada mes haciendo trabajos contables para una fábrica local. Vive en una residencia que le provee la empresa, come en su cafetería, envía gran parte de sus ingresos a sus padres y ahorra el resto.
El consumo privado en China, la nación más populosa del mundo y la cuarta economía, representa 35% del PBI, alrededor de la mitad de lo que representa en Estados Unidos y «muy posiblemente la proporción más baja de cualquier gran economía de la historia moderna», según un informe de Morgan Stanley.
En los últimos años, cientos de centros comerciales han irrumpido en China, donde están siete de los 20 más grandes del mundo.
Dos de ellos, Oriental Plaza, en Foshan, y Grandview Mall, en Guangzhou, están a menos de 80 kilómetros de South China Mall.
Los 9,6 millones de pies cuadrados (891.000 metros cuadrados) de South China Mall hacen que supere en más del doble la superficie del mayor centro comercial de Estados Unidos, el Mall of America, en Bloomington, Minnesota.
«Es Disneylandia y Las Vegas combinados en China», dice Thomas, presidente de Thomas Consultants. Después de que su firma suscribió un acuerdo en 2004 para ayudar al mercadeo del centro comercial, advirtió que incluso esta capital fabril, una de las ciudades más ricas de China, no podía sostener semejante coloso de venta minorista. «Se apresuraron a construirlo y a abrirlo», dice Thomas. «Honestamente creyeron que construyéndolo, la gente vendría.»
South China Mall carece de locales de Gap, Banana Republic, H&M u otras cadenas típicas de tiendas de Estados Unidos o Europa.
Los pocos locales abiertos son de cadenas asiáticas.
Colour Eighteen, de Toppy Group de Hong Kong, está ofreciendo un descuento de 70% en todos los artículos, en su mayor parte ropa y accesorios para mujeres jóvenes.
Cuatro empleados de venta esperan casi con desesperación para atender a clientes, aunque no haya ninguno.
«Es un día de semana, todos trabajan», explica una vendedora que no da su nombre. Una vuelta por el comercio un sábado muestra que el local sigue igualmente vacío.
Más allá de los pocos negocios y restoranes cercanos a la entrada, los tres pisos del centro comercial son una ciudad fantasma. Persianas de aluminio cubren la mayor parte de los locales, que nunca parecen haber sido ocupados. Unos pocos, ahora cerrados bajo llave, exhiben indicios de anteriores inquilinos, con cajas de cartón cubiertas de polvo llenas de equipos deportivos, camisetas, bolsos y calzado sin vender.
Un cine Imax, concebido como una atracción principal, nunca fue abierto, aunque algunos carteles anuncian una gran inauguración.



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