12 de marzo 2011 - 00:00
Fue reconocido uno de los acusados del crimen de Urbani
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No obstante, Rapazzini recordó que Herrera fue quien se acercó a su habitación para decirle a un cómplice al oído que algo había sucedido, presumiblemente que habían baleado al joven, pese a lo cual los delincuentes optaron por seguir robando, incluso cuando Santiago ya estaba mortalmente herido en otra pieza.
La mujeres relataron que, previamente, tres asaltantes habían entrado a la casa con Santiago, al que habían interceptado en la puerta cuando llegaba a bordo de su auto Crevrolet mientras ellas estaban durmiendo en sus habitaciones.
Los ladrones las despertaron tras prender las luces de sus cuartos para robar y en el caso de Florencia, lo hicieron en presencia de su hermano, a quien llevaron bajo amenazas hasta su habitación.
Luego, la joven fue trasladada a la pieza de su madre, mientras que el músico quedó solo en el cuarto de su hermana.
Julia recordó que a lo largo del asalto los delincuentes entraban y salían de las habitaciones, mientras que uno de los adolescentes ya juzgados siempre permaneció con ellas amenazándolas.
Rapazzini recordó que, en un momento, sintió un ruido proveniente de la otra pieza y que si bien en principio pensó que se había caído algo o era un golpe, luego supo que se trató del disparo que le efectuaron a su hijo en la cabeza.
La mujer dijo que lamenta el hecho de no haber podido estar junto a Santiago en ese momento. "Es una de las cosas que no les perdono, que me separaran de mi hijo", expresó llorando.
Tras el disparo, madre e hija escucharon que un asaltante les decía a los otros que debían irse, motivo por el cual, al quedar solas en la habitación, Rapazzini pulsó un botón antipánico instalado por una agencia de seguridad en el cuarto.
Pero, a pesar de que estimaban que los ladrones ya habían huido, las mujeres se sorprendieron al ver entrar nuevamente a la pieza a un tercer delincuente, el menor ya condenado como autor material del crimen, quien, fuera de sí, siguió buscando cosas para robar e incluso le exigió a la mujer que le diera Rivotril para tomar.
Tras la huida de los delincuentes en el auto de Santiago, las mujeres fueron a la habitación, donde encontraron al joven herido de un tiro en la cabeza y tapado con un acolchado.
Florencia recordó llorando que su hermano estaba aún vivo, "se ahogaba en su propia sangre" y que su madre le practicó tareas de resucitación, no obstante lo cual murió.
En tanto, una vecina de la familia, en cuyo garaje Santiago solía guardar su auto, declaró hoy que vio de espaldas a un hombre "pelado, como rapado que hablaba por celular" -cuyas características son similares a las del acusado Pérez Graham- en la puerta de su casa.
La mujer relató que luego alcanzó a ver que varias personas cargaban cosas en el auto de Santiago que estaba estacionado frente a su casa y que tras escuchar un ruido (el disparo que mató al joven) decidió llamar a la Policía.
El juicio que se inició hoy es el segundo que se realiza por este caso, ya que el año pasado fueron juzgados dos adolescentes de 17 años, ya hallados responsables, pero que serán penados al cumplir la mayoría de edad.



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